TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


No entiendo a los judíos

Los dos millones de nómadas hebreos salidos de Egipto recibieron a través de su delegado Moisés las Tablas de la Ley, sucedió en el Monte Sinaí. Ya han pasado más de tres mil años y el pueblo consagrado a Dios sigue siendo negado y perseguido. En la Declaración Balfour (1917), se reconoció por parte de Gran Bretaña y otras potencias el derecho de los judíos a tener un Hogar nacional en Palestina. Se le dijo hace miles de años: «No adorarás a otro Dios que Yo y observarás el sábado», aunque lo del becerro de oro sigue presente. A los demás judíos se les dio una moral laica: no matar, no codiciar, no robar, no mentir, no cometer adulterio. Estos preceptos fueron implementados y convertidos en 603 obligaciones, 365 negativas y 238 positivas que regirán las conductas de los judíos en los milenios siguientes, ¡una conducta complicada! Dios se ligó al pueblo judío desde los tiempos del Arca de Noé, y germinará un sacerdocio para el que los judíos no estaban preparados. El sacerdocio judío nació en el cautiverio egipcio y también en los campos de exterminio nazis. El incrédulo adoró al becerro de oro, el bueno observó con celo el dictamen moral, y otros lo tergiversaran en su aparente beneficio. El primer misionero fue Abraham que abandonó su hogar para servir a Dios.

Vivimos una época de incredulidad que no es distinta a la tradición, y no es difícil encontrar personas que se dicen podemitas y fachas, alguno muy conocido, como J. M. de Prada, que al menos lo reconoce... La ausencia de Dios en el hombre va ligada a su impulso en esta aparente filigrana. Dios acepta que la historia se laicice. Del caos surge la vida, de la agonía el mártir. El hombre que es expulsado de este mundo tiene reservado el Edén. Recordemos que los judíos fueron par Hitler el pueblo del Libro, de la Biblia que ya se estaba escribiendo en el Sinaí. La Biblia es también un libro de historia para los ateos, un Cantar de Mío Cid judío, en que los historiadores y los geógrafos buscan las huellas de su pasado. Los judíos simbolizan la espera eterna de la llegada del Mesías, así en la Cena Pascual o Séder, se coloca un cubierto y alimentos para el profeta Elías, anunciador del Mesías. Los judíos hacen una oración de espera, no se fiaron de Jesucristo.

Las leyes de orden laico tuvieron lugar antes del advenimiento de Jesús. Él vino a dar cumplimiento de esa ley dando amplitud a la misma con solo un precepto: «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo».

Urge la necesidad de revertir el caos moral que ahora padecemos; de volver al origen de nuestro fracaso como pueblo recuperando esas leyes primigenias, morales, antes de que desaparezcamos como pueblo, independientemente de nuestra praxis religiosa. Nació Israel recortando terreno a la vieja Palestina en mayo de 1948. Las fronteras son fruto de la guerra que dividió internamente a Jerusalén, su estado laico es fruto de una obstinación que dura más de dos mil años, incluso más, desde que el pueblo originario guiado por el padre de Abraham partió de la Ur babilónica al país de Caná.

 

Labremos el barbecho de nuestra memoria hincando el arado con ese impulso poético que el hombre necesita para colonizar su vida y encauzar su destino antes de que el yugo de la economía y la política lo conviertan en un erial. Perdonen si este esfuerzo que comparto con ustedes para intentar comprender a los israelitas no consigue su objetivo. Seguiré intentando comprender a este pueblo y hacerme perdonar por ellos, que muchas veces los he criticado, quizá por no entenderlos o no conocerlos lo suficiente. Netanyahu me parece un indeseable, y yo quizás soy víctima del barullo intencionado que llega desde las antenas a mis oídos a través de las letrinas y las radios. Hoy he buscado algo de su pasado en los libros, porque creo que para saber la verdad lo mejor es averiguar las cosas por nuestros medios, aunque sea más difícil. Palestina es un pueblo que parece nacido para sufrir, y a sus vecinos, a pesar de haber sufrido mucho no logro entenderlos. Como cuando Josué descendió del Monte Nebot a ocupar la Tierra prometida, la lucha continua. «Este pueblo malvado» no escucha a su Dios, que ya lo dijo Jeremías.