TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La autodestrucción

El Barça es el único capaz de hacer saltar al Barça por los aires. No el Madrid. No eso que algunos llaman 'central lechera', el aparato mediático que rema contra lo establecido. No las sanciones FIFA o UEFA. No el Liverpool de Origi o la Roma de Manolas. El Barça mira a todos sus 'enemigos' a los ojos y les dice eso de «no tenéis ni puta idea, dejadme a mí». Y se destruye solo.

Es algo trasversal y omnidireccional. Va del 'soci' al 'president', del entrenador de porteros al delantero centro, del técnico al director deportivo. Cualquiera puede inicial la hoguera, sí, pero el dueño del fuego es Leo Messi: si el argentino estornuda, el Barça engancha el peor de los virus.

El 'diez' ha llegado a un momento de su vida en que ya no tiene que demostrar nada a nadie… ni callárselo. El niño apocado dio paso al barbas respondón, el tímido canterano al capitán responsable, el discurso vacío a la palabra punzante. El pasado año recibió tres meses de suspensión por 'rajar' contra la Conmebol, algo impensable en el Messi del pasado, y ahora acaba de responder con dureza a Abidal: si el secretario técnico dijo «muchos jugadores no estaban satisfechos ni trabajaban mucho» con Valverde, Leo le dedicó un concluyente «cuando se habla de jugadores hay que dar nombres, porque si no se está ensuciando a todos y alimentando cosas que no son ciertas». En el imaginario azulgrana, Messi es cien veces más que Abidal. Mil más que Bartomeu. Y estos dos últimos, a quienes directa o indirectamente ha afeado sus conductas, son los encargados de convencerle de la penúltima renovación. Por eso el 'culé' medio tiembla: aunque está acostumbrado a la autodestrucción, por primera vez en su vida ve que se ha cocinado el caldo de cultivo perfecto para que el genio diga: «Hasta aquí».



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