RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Orgullo chino

Si tienen confianza con algún ciudadano procedente de China, haga el experimento. Pregúntele qué opina sobre la gestión de la crisis del coronavirus que están haciendo los países europeos. Puede sugerirle que lo compare sin pelos en la lengua con los esfuerzos que han hecho en su país. Y escuche lo que le dice.
La indignación, regada abundantemente con propaganda estos días, es el clima de opinión de la ciudadanía china ahora mismo. Sienten que solo ellos han hecho todos los esfuerzos imaginables para frenar la expansión del virus, poniendo incluso en riesgo todo el sistema económico que tanto les ha costado levantar.
Y opinan que, al otro lado del globo, sobre todo en el mundo libre y en la frívola Europa, estamos más pendientes de nuestras economías domésticas y de nuestras libertades individuales que de frenar una enfermedad que será especialmente devastadora en los países más pobres.
La decisión del gobierno chino de cerrar ciudades enteras no solo obedece a criterios sanitarios. Se trataba, además, de demostrar responsabilidad frente al resto del mundo, de evitar el estigma, la crítica, el sambenito del gigante comunista con pies de barro. Y había cierto sentimiento de culpa por haber fabricado la enfermedad en uno de esos mercados de animales vivos que tanto rechazo generan en Occidente.
Ahora, por contraste, se sienten más orgullosos de sus autoridades que nunca, más responsables que nadie.... Y más lejos si cabe de los valores democráticos occidentales, una concepción del mundo a la que la mayoría de los ciudadanos no le ven demasiada utilidad. Mucho menos en situaciones como la actual.