Miguel Romero


El Transparente de la Catedral, donde ríe la piedra

24/02/2021

Hace unas semanas se cumplía la fecha de nuestro Santo Patrón San Julián Obispo, y las circunstancias que nos oprimen, impidieron la celebración solemne que bien merece. Pero aún así, quería hacer un recuerdo, más monumental que de fe, al dar a conocer al conquense de a pié, aspectos interesantes de esa Capilla nueva o Transparente donde la urna de plata de San Julián sigue recibiendo a todos cuantos allí llegan.
Ese rincón catedralicio, en la parte trasera del Altar Mayor y ocupando parte de la Girola, que bien llamamos Transparente por el rayo de luz natural que desde su techo incide directamente en él, es un rincón especial donde el Arte en su manifestación más sublime alcanza la maravilla del artista.
Los relieves preparados por el gran maestro Ventura Rodríguez serán realizados por un «maestro de maestros», elegido por el cabildo conquense un 11 de septiembre de 1754 y que no será otro que el valenciano Vergara Bartual -por entonces en Italia-, elegido entre muchos gracias a la influencia del embajador por entonces, don Clemente de Aróstegui, el secretario de Estado don Ricardo Wall, el agente Ignacio Muñoz y el obispo conquense don Isidro Carvajal y Lancaster.
Me fascina su conjunto, el resalte de ese mármol blanco en los relieves laterales y esa ejecución inmejorable de las Virtudes: Fe, Esperanza y Caridad.
Así lo dice Antonio Ponz en su libro de Viajes: «Termina este precioso altar con tres estatuas alegóricas del tamaño natural y representan la Fe, Esperanza y Caridad, como lo indican sus distintivos. El gesto de la Caridad es tan risueño, acariciando a uno de los niños agrupados con ella, que fácilmente para y mueve el mismo afecto en los que la miran. Quien quiera ver reír a la piedra, que vaya a la Catedral de Cuenca».
La Caridad, en lo alto del baldaquino, sonríe en un acto de solemnidad y recogimiento. Ahí, Vergara Bartual lució su enseña de gran maestro y luego culminó en tres maravilloso relieves de mármol blanco:
1. El Bautismo de San Julián, firmado y fechado en el año 1757.
2. El relieve central de la Virgen entregando la palma a San Julián, donde lleva la firma de Vergara en el año 1758.
3. El medallón de San Julián haciendo cestas con Lesmes a su lado, fechado en Roma en 1759.
Por eso pido, desde mi humildad de cronista, que os acerquéis a ver esta magnífica obra, oréis a San Julián mientras sigue descansando en su urna de plata, admiréis la obra ingente de esos grandes artistas y sigamos pensando que esta Capilla de nuestro patrón es única, como lo es, toda la catedral como Museo de la Piedra y de la Fe.
 



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