Guerra civil en el independentismo

J. M. Faya (SPC)
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La negativa de ERC a desobedecer al Supremo tras la inhabilitación de Torra provoca que Junts rompa con su socio y anuncie unas elecciones que decidirán el timonel soberanista

Junqueras fue el pasado martes al Parlament tras salir de la cárcel. - Foto: Quique García

Hay muchos tipos de abrazos. Abrazos de oso, abrazos de amigo, abrazos de hermano, abrazos de padres, abrazos de hijos, abrazos rotos, abrazos con y sin puñalada trapera, abrazos cálidos, abrazos fríos... Yel abrazo de Oriol Junqueras a Quim Torra del pasado martes, y que reflejaba a la perfección lo que es a día de hoy el frente independentista. Roto, desgastado y con una apariencia de unidad que nadie se cree. De hecho, esa noche, mientras el jefe de los republicanos y sus compañeros de prisión volvían a Lledoners y Puig de las Basses, el jefe del Govern llamaba a Puigdemont y de madrugada convocaba a sus compañeros para una reunión de urgencia por la mañana. Tras esta, pronunció una declaración institucional a espaldas de los republicanos en la que anunciaba que convocaría elecciones tras los Presupuestos, no sin antes acusar de desleales y colaboradores de «los golpistas» sus socios de ERC. Los puentes entre Esquerra y Junts saltaban por los aires y comenzaba entonces la guerra civil en el independentismo.    
Era lógica esa fría e impostada muestra de afecto porque el frente independentista y la legislatura estaban heridos de muerte el día anterior. Torra, inhabilitado como diputado desde el pasado 3 de enero por la Junta Electoral por no retirar lazos amarillos de los edificios públicos cuando se estaban acercando las elecciones generales de noviembre, pensaba que todos los políticos independentistas, al unísono, con el presidente del Parlament el primero, iban a desafiar, una vez más, la ley y le iban a arropar contraviniendo al mismísimo Tribunal Supremo, que confirmó el fallo el día 23.
Pero Roger Torrent no es Carme Forcadell y el dirigente de Esquerra no quería dar con sus huesos en prisión, además de que estaban en peligro los Presupuestos, que llevaban bloqueados tres años, que es lo único, como si fuera un hijo, que une a esta pareja que tiene claro que quiere el divorcio. Eso sí, Torra tiene la sartén por el mango, como president, para decidir ahora la fecha de los comicios regionales.  
Poco le importa que las Cuentas no sean de su agrado, ya que son fruto de un pacto entre Esquerra y los comunes. Yes que debe dar la imagen de que JxCat no boicotea iniciativas que benefician a los catalanes, como de hecho hizo el pasado lunes cuando su grupo se negó a apoyarlas en solidaridad a su traicionadolíder. 
origen de los choques. También hay otra lectura del frío abrazo entre Junqueras y Torra. Casi ni se conocen. El morbo hubiera estado servido si se hubiesen encontrado cara a cara el recluso y el prófugo Carles Puigdemont. Incluso Artur Mas. Con él empezaron los roces. De esos polvos...   


Verano de 2014

ERC solo daba apoyo externo a CDC, que había propuesto la consulta independentista del 9-N y veía cómo el Constitucional anulaba la votación. Mas decidió, sin contar con los republicanos, presentar la cita como «un proceso participativo» sin ninguna validez legal. Junqueras recibió con estupor el cambio y cedió. Yno sería la primera vez, ya que un año después, el 13 de julio, el exalcalde de San Vicente de las Huertas agachó la cabeza cuando el president le impuso que se incluyeran las siglas políticas en la coalición Junts pel Sí, que nacía como una plataforma sin partidos. ¿Cómo le convenció? Según fuentes republicanas, le amenazó con frenar las elecciones -27 de septiembre-, dar por muerto el procés y culparle de todo.    
Tuvieron que pasar dos veranos para una nueva colisión. Yes que conforme se acercaba el 1-O, el encargado por Puigdemont para organizar el referéndum, Oriol Junqueras, empezaba a ver las dificultades. «Así no se puede seguir», se le oyó decir al exvicepresident, que se quejaba de la falta de implicación de algunos consejeros. Fueron cesados cuatro del PDeCAT, lo que provocó las iras de su coordinadora, Marta Pascal. Fue la primera victoria del jefe de ERC, a la que le siguió la de imponer a su superior que no convocara elecciones. El gerundense optó el 27 de octubre por una Declaración Unilateral de Independencia que duró ocho segundos... Le había dolido el tuit del día anterior del diputado republicano Gabriel Rufián en el que le llamaba Judas por plantear una nueva cita con las urnas:«155 monedas de plata». Tras ser cesado por el artículo 155 de la Constitución, el día 29 huyó a Bruselas, donde permanece.   
Esta circunstancia fue, seguramente, decisiva -riesgo de fuga- para que ingresara en prisión Junqueras tras declarar en la Audiencia Nacional el 2 de noviembre.  
Uno prófugo y el otro preso, ambos políticos controlan sus partidos. Junts per Cat fue creado por Puigdemont, que por solo 12.000 votos superó a Esquerra en los comicios del 21-D. Con la victoria estéril de Inés Arrimadas, a este le correspondía la Presidencia. Pero para eso tenía que volver y ser detenido. Incumplió su promesa e intentó ser proclamado a distancia, algo a lo que se negó el jefe del Parlament, Roger Torrent, alegando que «no habría sido una investidura efectiva». Precisamente esa misma practicidad del dirigente de ERC para no desobedecer al Supremo ante la inhabilitación de Torra es lo que ha provocado esta guerra civil en el independentismo.