COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La izquierda lo tiene superado

Los nervios, los vaivenes, las ofertas extemporáneas, todos los movimientos que se producen entre los partidos de la derecha de cara a las elecciones generales, la izquierda los tiene más que superados. Es la primera ocasión en que el centroderecha español concurre fracturado en tres y va a sufrir las consecuencias de la ley D’Hont. Como el PP no está acostumbrado a que se ponga en cuestión su primogenitura y teme que se produzca la debacle que vaticina la tendencia de todas las encuestas ha comenzado a utilizar todos los recursos propios de una contienda electoral, del voto útil al voto del miedo, y ha ido hasta el límite al ofrecer una suerte de CEDA  para las listas del Senado, aunque ni Ciudadanos ni VOX recogieron el guante. Si al PSOE se le hubiera ocurrido realizar el mismo ofrecimiento a Unidas Podemos y sus confluencias no se habría tardado ni un minuto en considerar que estaba armando un nuevo Frente Popular.

La izquierda, sin embargo, ya está curada de espanto porque siempre ha sido un espacio fraccionado entre un PSOE, que como todos los partidos socialdemócratas pasa de olvidar a rehabilitar sus principios en función del momento económico, y un partido a su izquierda, -el PCE, IU, Podemos y otros grupúsculos- y sus posiciones eran irreconciliables.  

En la derecha, sin embargo, se han producido movimientos insólitos. En primer lugar la petición del PP a Vox para que se retire de las circunscripciones en la que sus votos más que sumar para una coalición de derechas pueden beneficiar al PSOE. En segundo lugar, la pretensión de elaborar unas listas únicas para el Senado de los tres partidos para no perder la mayoría absoluta, tan necesaria para la aplicación inmediata del artículo 155 que pretenden Casado y Rivera como solución para el expediente catalán. Luego ha venido la oferta preelectoral de un pacto entre Ciudadanos y PP realizada por Albert Rivera que suponía, de inicio arrogarse la presidencia del Gobierno y comenzar a vender la piel del oso antes de matarlo. Luego ha llegado el juego infantil del reparto de puestos en el que –si llegan a sumar- tendrán que ponerse de acuerdo y alcanzar el acuerdo poselectoral como se ha hecho siempre. Ahora, a pesar de que digan que ambos salen a ganar, ya se sabe que salen a pactar: los números mandan.

El espectáculo que han dado pablo Casado y Ciudadanos ninguneándose al ofrece el primero el Ministerio de Exteriores a Rivera suena a aquella famosa rueda de prensa de Pablo Iglesias en la que se consideraba ya vicepresidente in pectore y que tantas críticas le valió y que fue su primer gran error estratégico. Y eso que no hizo sino pedir para sí todas las responsabilidades que en aquel momento gestionaba la vicetodo Soraya Sáenz de Santamaría.  

Mientras que PP y Ciudadanos apelan al voto útil y al voto del miedo para superar al PSOE y sus coaliciones, los socialistas tratan entre algodones a Unidas Podemos para que no puedan  -otra vez las tendencias- atribuirles en exclusiva su declive. Pero todas las vicisitudes por las que atraviesan las derechas han sido el pan de cada día de la izquierda pero nunca –hasta la moción de censura-, se había producido un acuerdo entre los partidos de este espectro. Sin embargo, a las primeras de cambio, las derechas no tienen empacho en demostrar lo poco  que las diferencia.