Bernardo Montoya confiesa que acorraló y mató a Laura Luelmo

SPC
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Bernardo Montoya confiesa que acorraló y mató a Laura Luelmo - Foto: A.PEREZ

La autopsia confirma la agresión sexual y rebate la versión del expreso, que declara que cercó y golpeó a la joven en un callejón y la abandonó inconsciente en el monte, pero que no la violó

Pocas horas después de ser detenido, Bernardo Montoya, con graves antecedentes penales y vecino de Laura Luelmo en El Campillo (Huelva), confesó ayer el asesinato de la joven profesora, aunque negó la agresión sexual. Un extremo que le rebaten las pruebas, ya que la autopsia determinó que la víctima sí sufrió este tipo de abuso.
En un relato lleno de contradicciones e inexactitudes ante la Guardia Civil, el expreso -que salió de prisión en octubre por dos robos con violencia  y antes estuvo en la cárcel por matar a una anciana-, engañó a la zamorana cuando ésta le preguntó dónde podía encontrar un supermercado en el pueblo, ya que aún no conocía la localidad pues se acababa de mudar allí. «La mandé a un callejón sin salida», apuntó el asesino ante los agentes, para narrar después que cogió el coche y acorraló a la joven en aquel lugar. 
Sin mediar palabra, Montoya habría golpeado la cabeza de la víctima contra su coche (algo que concuerda con la autopsia que determinó que la chica murió después de recibir fuerte golpe en la cabeza propinado con un objeto contundente que le podría haber provocado un traumatismo craneoncefálico) para después llevarla maniatada en el maletero hasta el monte con el propósito de agredirla sexualmente. «La desnudé de cintura para abajo y traté de violarla, pero aunque estaba inconsciente no lo conseguí. Lo intenté, pero nada. Juro que al final no la agredí sexualmente», explicó el detenido ante la Guardia Civil. Sin embargo, la autopsia realizada en el Instituto de Medicina Legal (IML) de Huelva acreditó que el asesino confeso de Laura Luelmo abusó también sexualmente de ella.
Después, y siempre según la versión de Montoya, se asustó y trató de ocultar el cuerpo de la joven, que aún seguía con vida: «La trasladé como pude hasta la zona de jaras y me fui corriendo. Pero cuando la dejé allí todavía respiraba».
El Instituto Armado trata ahora de esclarecer si este relato se ajusta a la realidad. Y es que aún no está descartado que el asesino retuviera a la mujer en su vivienda, en su coche o en algún otro lugar durante más tiempo, ya que las pruebas forenses determinaron que el fallecimiento tuvo lugar dos o tres días después de la desaparición. No obstante, los investigadores no descartan que la joven maestra muriera malherida en el paraje donde se halló el cuerpo.