TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Entrevista a Raúl del Pozo

Raúl del Pozo es viejo reportero, viejo columnista, viejo escritor del diario Pueblo, y puede que sea viejo de verdad y retenga la esencia de lo que fue. Quien tuvo retuvo. El cree que escribe novelas y un artículo de opinión cada día laboral, que es tertulianes, que va donde le da la gana. Cree que es un tipo con ideas, experimentado, que será recordado por las hemerotecas. Pero yo, aunque te leo, no te recorto, y me gusta que te lo creas.
 Yo crucé el umbral antes de ser pocero, me ajuste a tu letra cuando perdí el paso del que te dio sombra. A veces creo que exageras. A mí no me acobardas aunque sé que hay quienes te tienen miedo. Y eso les pasa por tener influencia, poder, dinero, privilegios, una reputación y creerse impunes. Los hay que temen sufrir las consecuencias de su ambición, sus mentiras, sus cobardías o sus delitos. Sabemos que hay algunos a los que les va lo heavy. El poder vicia la condición humana, que tras la ambición se vuelve intolerante, por muy disfrazado que esté. El miedo, tan sano en democracia, es expresión contenida, el cauce que intenta evitar quien llega al estrado. La acusación es consecuencia casi siempre de la ineptitud y la complacencia. Y Raúl acusa, aunque a veces no se le nota.
   Al poderoso y a los que aúpan al poderoso no les gusta la prensa libre. La prensa que pone letra y voz a sus vergüenzas, a sus noches en el casino jugando a ser importantes mientras la ruleta gira repartiendo parabienes a los acólitos en un juego en el que ellos nunca pierden. Van a ruedas de prensa sin preguntas; comparecen públicamente cuando les da la gana; regulan debates públicos en los que hasta ponen forma a los acentos. En España el periodismo se ha rendido a la presión del poder... ¡no algunos periodistas! Y en las autonosuyas manda la palabra autonosuya, que si no, nones. En mi sentir el periodismo es asaltado por la autoridad política y económica, y los periodistas noveles solo aspiran a ser dóciles para poder ejercer su oficio, oficio del que vivaquean. Su resignación es la respuesta al porqué de su docilidad: no tienen margen para molestar. 
   Apenas hay ambición por buscar, por dar un toque doloroso al infame que nos quiere arrebatar nuestro bien, excepto cuando se trata de servir intereses particulares, audiovisuales, financieros, eléctricos, tele comunicativos, gasolinísticos y demás proveedores de impuestos que todos pagamos. Y si no les queda el aborto, la religión, la eutanasia para despistarnos ¿cómo si les importara? Mientras, para procurar que el forraje del patrocinador llene el pesebre de cada mediador correspondiente este corresponde al medio dando luz a sus virtudes, y sombra a sus torpezas y vilipendios. Y luego se dice que el periodismo esta poco valorado. No opinaba lo mismo González de Antonio Herrero. 
Me tengo por joven, pero me siento viejo cuando veo lo poco que se nos tiene en cuenta desde que tengo memoria escrita en el periódico. Ha tenido que cambiar el ayuntamiento de Cuenca para que se limpien las teclas de los parquímetros, y yo se lo dije en un vis a vis al alcalde, y vi como mandaba un wasap a quien fuera para arreglarlo, y dos artículos después seguía igual. O no tenía miedo a la prensa o no tenía miedo a los ciudadanos, y así ha pasado…
   Raúl sabe que la prensa es necesaria para nuestra salud social, el problema es que to quisque no lo sabe. Y dice que «nunca en esta democracia se ha visto en España un maltrato semejante del periodismo por parte del poder, lo detente quien lo detente, como se ha visto en los últimos diez o quince años». A Raúl le oí decir que los periodistas o los columnistas no debían hacerlo gratis, y le he preguntado a un amigo de prisa o deprisa, que no recuerdo, que si eso pasaba, y vaya que si pasaba que por poner cara a las letras de algunos los derivaban a la tertulia de la veinte y gracias a ello les pasaban paga. Antes el problema de los políticos eran los periodistas, y ahora el problema de los periodistas son los políticos, las ruedas de prensa que hacen que la prensa ruede cuesta abajo hacia el descrédito.
Raúl, no sé si sabes que te acabo de entrevistar, probablemente no sepas ni de mis letras, es lo que tiene la cuarta de La Tribuna de Cuenca.