La ronda de contactos iniciada esta semana por el presidente del Gobierno en funciones,  Pedro Sánchez, ha radicalizado las posturas de los líderes del Partido Popular y Ciudadanos sobre el lugar y el peso específico que cada uno de ellos cree tener en el centro-derecha y, muy especialmente, respecto al papel que van a jugar en la nueva legislatura como oposición. Así, mientras Pablo Casado expresó a Sánchez el lunes que en modo alguno iba a facilitar su investidura con una abstención y que ejercer una oposición firme pero responsable, al tiempo que lanzaba el guante a Albert Rivera para que sea este quien facilite la gobernabilidad socialista evitando recabar los apoyos de los independentistas catalanes, ayer el presidente de Ciudadanos se atribuyó el liderazgo de la oposición de centro-derecha, restando capacidad al PP y señaló, con no poca sorna, que bastante tiene los populares con recuperarse de los daños sufridos el 28-A. Para evidenciar más aún esa firmeza en sus pretensiones de encabezar esa oposición exigió, en este primer contacto postelectoral, a Sánchez que aplique de forma inmediata el 155 en Cataluña, ámbito en el que asegura una permanente beligerancia. 
Sucede, sin embargo, que la aplicación del artículo 155 de la Constitución tiene que activarla el Senado y en la Cámara Alta la mayoría absoluta la tiene ahora el PSOE, mientras que el partido naranja solo cuenta con tres escaños. Esta reducida presencia lo más que le van a permitir es proponer, debatir y tal vez sumar los cincuenta y cinco del PP y los de algún otro grupo, pero sin capacidad para maniobrar en contra de los 122 votos socialistas.
A Rivera se le notó ayer demasiado que quiere hacer leña del árbol caído, aprovechando la presunta debilidad de Casado para convertirse en el foco de atención del futuro Gobierno y en su principal interlocutor en la oposición. Claro que habrá que esperar a los resultados de las elecciones locales, autonómicas y europeas del 26 de mayo para conocer cómo queda el equilibrio de fuerzas y si Ciudadanos, como ha dejado entrever, sigue dispuesto a pactar con el PSOE en ayuntamientos y gobiernos autonómicos, y la actual firmeza y la negativa rotunda a favorecer la investidura pierde o no fuelle. También será interesante comprobar si el PP recobra fuerza o, si por el contrario, sigue perdiendo apoyo electoral.
Pedro Sánchez, entretanto, prefiere mantenerse en la tesitura de un gobierno en solitario, con pactos y acuerdos puntuales, y no parece dispuesto a mojarse más de lo necesario. Ni siquiera con Pablo Iglesias, que ayer volvió a proponerle un ejecutivo de coalición, al que, por lo que trascendió, no prestó tanta atención como le hubiera gustado a Podemos. Sí reconoció el presidente en funciones el trabajo de los morados en estos diez meses, pero nada más. Todo sigue en el aire.