CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Franco, en campaña

Una portavoz de Vox ha dicho que la exhumación de Franco es “una profanación” de su tumba. El juez del contencioso administrativo número 3 de Madrid no autoriza la exhumación porque cuenta con un informe firmado por dos arquitectos que recogen las condiciones de seguridad que deben darse antes de exhumar la tumba, y la autorización del juez es preceptiva. La vicepresidenta Calvo ha advertido que se intentará que la exhumación de Franco se realice antes de que se inicie la campaña electoral, y cabe preguntarse si se trata del inicio oficial, el 1 de noviembre o el que inició Sánchez con su mitin en Moncloa a las dos horas de que se conociera que el Rey no presentaba ningún candidato. O si asume Carmen Calvo que estamos en campaña desde hace más de un año, lo que ha provocado tal hartazgo que los expertos se ven ante un auténtico sudoku para adivinar cuál puede ser el resultado de las urnas, dado que el hartazgo puede llevar a la abstención masiva o a que según la actualidad se movilicen más los votantes de unos partidos que de otros.

En cualquier caso lo importante es que ya hay sentencia del Supremo, que la sentencia es unánime, que recoge también que Franco no debe ser enterrado en la cripta de la Almudena por las razones de seguridad que esgrime el gobierno, y que todo apunta a que sería llevado al cementerio de Mingorrubio, donde fue enterrada Carmen Polo. Caben recursos, los nietos quieren presentarlos ante el Constitucional e incluso ante el Tribunal de Estrasburgo, pero hoy por hoy la opción que parece que va a prevalecer es la de la exhumación y entierro en El Pardo-Mingorrubio si no hay un juez que lo bloquee o una instancia judicial superior al TS que lo impida.

Puede gustar o no la exhumación, pero convendría recordar que se trata de la ejecución de una decisión del Congreso de los Diputados que contó incluso con la aprobación del PP, basada en la Ley de Memoria Histórica que debe ser acatada incluso por quienes no están de acuerdo con ella, como ocurre con todas las leyes.

Lo que habría que analizar es si se ha hecho un uso partidista de la polémica, que parece que sí y, ahora, si se va a hacer un uso electoralista de la polémica, que todo indica que también. Y en esa polémica los que salen mejor parados son los dirigentes de Vox, que pescan en río revuelto resucitando el mantra de que la izquierda vengativa quiere destruir cualquier sombra del franquismo, y sale bien parado también un Pedro Sánchez que venderá que solo la izquierda se ha atrevido a poner el cascabel al gato de exhumar al dictador.

Así que esto no va de si Franco está bien o mal enterrado, sino de cómo utilizar su figura para arañar votos al adversario o a la abstención.