TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Ernesto, el apocado

Valverde tiene la cara del funcionario a las 14,55 horas y el gesto de quien ha olvidado sonreír. Probablemente le borraron media sonrisa en Roma y la otra media en Liverpool y ahora Ernesto tenga un grave problema personal. «¿Cómo demonios voy a reírme -pensará- después de las dos que me han hecho?». No, tampoco era la alegría de la huerta antes de aquello y aquello otro. Solo era un tipo que quería pasar por ahí sin hacer demasiado ruido, un señor apocado y cabal que le ponía algo de sentido común, una cuota de necesario aburrimiento, una colección de tópicos y ni una palabra más alta que otra al exagerado mundo del fútbol de élite.  
Esa pose tan medida solo se aguanta en pie cuando acumulas victorias y elogios. Porque el fútbol (en el fondo) adora a los macarras y a los ruidosos, y termina devorando a los tranquilos. Y puede que Valverde haya caído en su propia trampa: el inmovilismo de lo que parece funcionar, limitarse a construir «un equipo alrededor de Messi» y no «un equipo». La idea está ahí. Es innegociable. El patrón azulgrana, el famoso ‘ADN Barça’, no puede desarrollarse con un solo epicentro… sobre todo cuando éste está ausente. Es decir: lo que hicieron Guardiola y Luis Enrique (quienes obtuvieron el triplete) fue crear primero el concepto y después entregárselo a Messi. Para Valverde, el concepto ha sido Messi. Y cuando el rival ha conseguido frenarle o cuando Leo ha estado de baja, si el partido se le complicaba al Barça jamás propuso solución. 
Valverde está ahora en la picota, cuestionado por la masa social que aplaudió su calma y exquisita educación… pero que ahora echa en falta ‘meneo’, algo de alegría, energías renovadas y vitalidad para iniciar una pequeña revolución. Pero me temo que de eso a Ernesto no le pusieron.