LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Moderados: estamos como cabras en un garaje

Las encuestas, siempre certeras en un día y hora concreta, nos muestran en la antesala de todas las elecciones que se avecinan la desorientación de buena parte del electorado, que está cambiando de criterio y dudando de semana en semana. Los que saben perfectamente qué van a hacer no tienen ese problema: situados en los extremos, se jactan orgullosamente de votar a Podemos, a Sánchez o a Vox, acusándonos al resto de españoles de carecer de principios, credos y patriotismo. En los foros y redes, desde la superioridad de estar en lo alto de las olas críticas, los extremos se atacan entre sí escupiendo fake news como la de Lacalle, jaleando a los propios, y denostando a los rivales. Una reflexión y una llamada a la calma es leída como atentado a la libertad y a la democracia, como si lo que importase es votar y no el binomio pensar-votar. Si encima perteneces a la moderación y al centro, además, eres tachado de acomodaticio o de proteger a corruptos y poltroneros. Pero frente a todos estos despropósitos e infamias, los estudios demoscópicos y la mayoría silenciosa muestran una sociedad bastante temerosa del enfrentamiento y la polarización, que busca en los líderes referentes de templanza y mesura, pues solo desde la racionalidad se pueden acometer los grandes cambios sociales y económicos que nos devuelvan a la senda del crecimiento y la estabilidad. El estupor de la mayoría es notorio cuando buena parte de los medios de comunicación y las redes le plantean una división socialmente inexistente fuera de los guetos mentales de algunos, entre derechas e izquierdas. Creo que esa gran mayoría solo pedimos análisis y respeto, por lo cual la fuerza política que logre ‘desencasillarse’ y hablar de los problemas reales, será la que al final gane las elecciones en cada territorio.
Las banderas y los cadáveres como armas arrojadizas, los nacionalismos, las promesas sin dinero, las utilizaciones partidistas de causas de todos (por ejemplo, la igualdad de la mujer), son lo contrario de lo que la mayoría queremos: una respuesta concreta y presupuestada ante cada problema real, y de no ser afrontable, la verdad de su imposibilidad. ¿Y las formas? Madre mía que vergüenza ajena da, sobre todo cuando también eres parte de la política y te ven dentro del sistema: ¡qué tonos!, ¡qué negación de evidencias!, qué prepotencia de lo propio y desprecio de lo ajeno!, ¡qué endeblez de repetir los argumentarios sin una reflexión o aportación personal…! Esta vieja política era la que enterrarían en 2015 y 2016 los nuevos partidos, que van a terminar siendo ahora los más castigados, unos perdiendo, y otros rebajando sus expectativas, porque el elector ya tenía en algunos malos ejemplos de los partidos tradicionales suficientes referentes, y la frustración no se perdona. Si los resultados electorales no nos reconducen a todos, se tiene que abrir un nuevo y profundo replanteamiento de la cosa pública desde parámetros de verdad, normalidad, puntos en común y buenas maneras.