RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


En nombre de James Cook

El gobierno británico ha expresado esta semana su pesar por el «asesinato de maoríes» ocurrido en Nueva Zelanda tras la llegada de James Cook en 1769. Sin embargo, las comunidades locales no están en absoluto satisfechas. Dicen que la alta comisionada inglesa, una tal Laura Clarke, no expresó públicamente su pesar, ni llegó realmente a pedir perdón. El mensaje, además, se hizo llegar  pocos días antes de las conmemoraciones anuales por el desembarco de Cook, tradicionalmente regadas con dinero británico.
La cosa puede caricaturizarse así: el Reino Unido lamenta en privado el asesinato de miles de maoríes ocurrido hace casi 250 años, pero sin llegar a decirlo en voz alta, ni a pedir del todo perdón. Resulta que, además de sentirlo, también pretenden conmemorarlo, o al menos conmemorar el acontecimiento histórico que dio lugar a la muerte de todos esos maoríes.
Juzgar hechos ocurridos hace siglos con la mentalidad de hoy en día nos lleva a estos extremos ridículos. Nos conduce a desplegar un catálogo de eufemismos insoportable, una diplomacia del absurdo que no hay por donde coger. Y además nos aboca a una espiral de revisionismo infinito.
¿Qué pensarán de nosotros cuando nos juzguen dentro de 300 años? ¿Cuántas veces tendrán que pedir perdón a nuestra costa los herederos de, por ejemplo, el desastre climático que estamos dejando a las generaciones por venir? ¿Qué estará mal visto en 2350? ¿La monogamia? ¿La política? ¿La mojigatería? ¿El propio revisionismo? ¿La carrera espacial? ¿Las granjas de cerdos? ¿Los calcetines de algodón?