COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Todo es electoralismo

Cada una de las propuestas y anuncios que realiza el presidente del Gobierno en funciones son considerados un ejercicio de electoralismo, de propaganda para ganar votos o al menos no perderlos, o tratar de conjurar el riesgo de una alta abstención. Pero Sánchez sigue teniendo bajo su mano el Boletín Oficial del Estado sus declaraciones tienen un calado significativo por cuanto puede llevarlas a la práctica, mientras que el resto de los partidos, que tampoco dejan de hacer electoralismo, solo pueden advertir del riesgo que suponen esas medidas.

A veces con la boca pequeña, claro. Que Sánchez afirme que va a subir la pensiones con arreglo al IPC para 2020 es un caramelo para los millones de jubilados pendientes de la evolución de su pensión, y a los que hace poca mella la crítica acerca de que Sánchez votó en su día a favor de su congelación de las pensiones, como si no se acordaran también que durante el gobierno de Mariano Rajoy subieron un magro 0’25%, que tenía casi el mismo efecto, por cuanto para las más bajas suponía un incremento de un par de euros al mes.

Y todas las crítica que se puedan hacer en torno a esa medida son coherentes e incluso necesarias, dado que los partidos siguen sin ponerse de acuerdo en cómo se afrontará el futuro de las pensiones, y a ver quien le pone el cascabel al gato de fijar otro índice de revalorización que no sea el del coste de la vida. Pablo Casado no va a ser. Su partido dice que el anuncio de Sánchez es demagogia y electoralismo, pero las apoyará. O sea, que hace el mismo electoralismo por temor a perder votos entre los pensionistas.

Sí Sánchez propone hacer un adelanto de caja a las comunidades autónomas porque ha encontrado un resquicio para poder afrontarlo y mitigar su asfixia económica, eso es electoralismo; si propone cambiar el sistema de peonadas en Andalucía para hacer frente al ataque al sector agroalimentario procedente de Estados Unidos con la imposición de aranceles, eso es electoralismo. No hacerlo es inacción, dejadez, falta de iniciativas, ausentarse de la solución de los problemas reales de los ciudadanos.

Si el director del CIS, José Félix Tezanos, rescribe que es mejor concentrar el voto en los partidos que pueden gobernar eso es electoralismo. En la práctica el consejo solo se reduce a dos, PSOE y PP, que son los que se han venido jugando la alternancia en el poder. Ahora bien, todos los partidos aseguran que salen a ganar las elecciones y no hay ninguno que diga que sale a ser bisagra aunque ese sea su destino.     

Hacer electoralismo tiene un problema esencial: que cada una de las propuestas tiene un coste económico al que es preciso hacer frente con una caja común que va a comenzar a resentirse, porque la actividad económica muestra una tendencia descendente, porque los problemas internacionales están llamando a la puerta, porque no hay una directriz del Pacto de Toledo que encarrile el problema de las pensiones y es necesaria una reforma fiscal y de la financiación autonómica que ofrezca una solución al déficit y a la deuda pública.

Claro que el electoralismo tiene su antídoto no menos demagógico desde que el viejo profesor Enrique Tierno Galván,  dijo aquello de que los programas electorales están para incumplirlos. Pero con la pensiones no se juega..