Un retiro llevadero

Belén Monge / Guadalajara
-

Marina y Francisco son los únicos vecinos de Castilnuevo, un micropueblo en el que el matrimonio afronta el estado de alarma «con menos sensación de vacío que en la ciudad».

Un retiro llevadero

Es posiblemente el pueblo más despoblado de la provincia. Si bien en el censo de Castilnuevo figuran ocho vecinos, la fotografía real constata que sus únicos habitantes durante todo el año son Marina y Francisco, un matrimonio de mediana edad a quienes la pandemia del coronavirus preocupa aunque reconocen que «la percepción es distinta» que en la ciudad. Llevan una finca de caza y tienen una casa rural. Se han anulado todas las reservas a causa del estado de alarma por el virus Covid19. Han notado la alerta sanitaria en el bolsillo pero no tanto en su modo de vida. Si bien otros pequeños pueblos de la provincia, nada más anunciarse la medidas de contención de la población, recibieron la espantada de los domingueros en busca de refugio en su segunda residencia, en Castilnuevo no ha ocurrido eso y su alcalde lo agradece. 
Como en otros muchos municipios de la España despoblada, aquí no han tenido que pregonar las medidas por el toque de alarma para que sus vecinos permanezcan aislados en casa, ni poner multas por infracciones. Francisco y Marina viven solos en el pueblo. Únicamente sube algunos días su hijo, que es taxidermista, y ahora tampoco; quieren evitar contagios.  
En este micropueblo bañado por el río Gallo y que incrementa su población en verano y fiestas, el matrimonio no sufre  el estrés que ocasiona el tener que quedarse encerrados en la casa o  guardar ese metro de distancia en la cola del pan porque no hay gente ni tampoco panadería, ni supermercado. Ni siquiera tienen centro de salud. Y la iglesia esta cerrada casi todo el año. Aquí viven la situación generada por esta pandemia con el frigorífico para afrontar cualquier emergencia y si precisan algo, Molina está a cinco kilómetros de distancia y pueden ir andando.   
Y aunque su economía lo ha notado, siguen con rutina diaria.  «No tenemos la sensación de vacío que tiene la gente de la capital. No hay la misma percepción», afirma este alcalde de pueblo aludiendo a que sus distracciones no son tan variadas como las que tienen hoy en día en la ciudad. «Aquí no nos han cerrado el bar ni el cine, ni hay esa afluencia de coches que tiene la capital. En este sentido, no nos afecta tanto en nuestro ocio. Tenemos la televisión e internet», dice riendo. Francisco reconoce que hoy tampoco es como antes. «La gente ahora tienen mucho más ocio y se lo han cortado de golpe», subraya. En cambio, a este regidor lo que le preocupa ahora es cómo hará el siguiente pleno si la situación  se prolonga. Siempre cabe la firma digital, subraya. 
Como todos, quiere que haya una vacuna cuanto antes.Mientras eso llega, este alcalde del PP cree que  «hay que hacer caso al Gobierno y no volverse loco con lo que dice la gente», señala instando  a esos ciudadanos «irresponsables» que aún puedan tener previsto huir al pueblo, que no lo hagan. «Estaría mal, muy mal que vinieran a inundarnos del virus», apunta. Les pide que se queden en sus casas «porque estarán mejor atendidos por los médicos que aquí», concluye.