DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Un descojono

No se puede hablar de Venezuela porque no interesa a nadie. Si se pregunta por el Delcygate y está Ábalos cerca te arriesgas a que te meta una dentellada en el mismo gaznate. Y si los agricultores te acorralan, les pides que aprieten. No se ha visto cosa igual: el legislador que no ha tomado ni una sola medida para atajar la crisis del campo español pidiendo a los labradores que azucen no se sabe bien a quién. ¿A San Isidro? El club de la comedia instalado en Moncloa, con perdón para todos los cómicos. ¿De qué hablamos entonces? Los jueguecitos de cumpleaños de Irene Montero y su cuadrilla dan para un monólogo con argumento suficiente. No es momento. En ese ministerio, el panorama no está ni para media risa, aunque la ministra tenga capacidad selectiva suficiente para decidir lo que va con ellas y lo que no.
Hay demasiados actores implicados en la trama de explotación de menores tuteladas en Baleares. A día de hoy, todos del mismo espectro político. Si cualquier otro gobernara en las islas, hace tiempo que se había puesto en marcha una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados para tratar de aclarar lo ocurrido. Además, Montero habría abanderado una lucha detrás de la pancarta para aprovecharse del escándalo. Pero se da la circunstancia de que Podemos forma parte de la coalición de izquierdas que gobierna en Baleares. Conclusión: estas niñas abusadas no interesan tanto. Así de ruin.
Mientras la policía sigue trabajando, han pasado ya dos meses desde que una niña valiente se atreviera a dar el paso. Sabemos que tiene 13 años pero poco más. Estaba en un centro tutelado de Mallorca y la menor denunció que el día de Nochebuena había sido víctima de una violación grupal. Los exámenes médicos confirmaron la agresión. Aquellos días se empezó a hablar de la manada de Mallorca, aunque iba mucho más allá. Era sólo la punta de un iceberg impregnado con demasiado estiércol. Alguien no estaba haciendo bien su trabajo, muchos conocían situaciones similares con niños tutelados como protagonistas y los responsables no habían hecho nada. Más bien, se estaban encargando de ocultarlo o minimizarlo. La prueba es que la propia consejera de Bienestar Social, con otros casos de Menorca, se ha visto obligada a rectificar después de negar que varias niñas víctimas de abusos estaban tuteladas. «No soy jurista  y no me he explicado con las mejores palabras», se excusaba Bárbara Torrent. Tenemos un serio problema si una consejera no sabe la diferencia que hay entre que un niño duerma con sus padres en casa o lo haga en un centro gestionado o supervisado por la administración.
El escándalo es de tal magnitud que nadie se atreve a limitar su dimensión a la veintena de casos que hay confirmados. En los servicios sociales eran conscientes de las ausencias continuas de los menores tutelados. También de lo que hacían cuando estaban fuera de los centros, no sólo de las situaciones de abusos y prostitución. Todo se agravaba con el consumo de todo tipo de drogas. Y aquí la explicación no deja de generar una intranquilidad superior. «Pueden salir y entrar del centro porque no están internos. Cuando permanecen fuera, no podemos poner un policía a cada uno». Con los indicios que ellos sí tenían, ¿algún padre dejaría entrar y salir a su hijo sin control sabiendo que estaba siendo explotado sexualmente?
El enfado de Pablo Iglesias en el Congreso cuando le preguntaron por estos abusos confirma la desidia. «Mientras hablamos de niñas prostituidas, ustedes se están descojonando». Tiene respuesta para todo. Y valdría la misma para el Delcygate, la crisis del campo o la trama de explotación de niñas tuteladas en Baleares. Un descojono, si no fuera extremadamente grave.