Las contradicciones naranjas

J.M.F (SPC)
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Cuesta creer cómo puede un partido apoyar a los socialistas en 2015 en Andalucía y 2016 en el Congreso para luego decantarse por los populares seis meses después y hasta ahora

Las contradicciones naranjas - Foto: Raul Caro

"No hay nadie que no se equivoque". Con estas palabras respondió Albert Rivera el pasado lunes en la sede del bufete de abogados que le acaba de fichar a la pregunta de si en los casi cuatro meses que ha estado desaparecido había tenido tiempo de pensar en lo que falló tras los comicios del pasado noviembre, un hundimiento en toda regla de su partido que provocó su dimisión. 
Ante esta falta de autocrítica, uno tiene ahí la respuesta de por qué el partido naranja se encuentra en la UCI, por mucho que el CIS le diera hace unos días un crecimiento de 1,6 puntos con respecto a enero. Esto hizo desatar la euforia a más de un miembro destacado de una formación que, casi con toda seguridad, comenzará a dirigir en unos días Inés Arrimadas. 
Y ya que le gusta tanto a la jerezana la serie Juego de Tronos, sería bueno que en su equipo no falte gente de toda la vida, que conozca el partido desde sus comienzos, que sea una especie de Cuervo de Tres Ojos, ya que la historia, y máxime la de un partido tan joven, debe ser tenida en cuenta para aprender de los errores y no volver a cometerlos. Y máxime ahora, cuando una nueva equivocación puede ser la definitiva y hacer desaparecer a un bloque que nació con una vocación centrista.   
Los detractores de Ciudadanos, que han crecido en el último año, siempre le han echado en cara a los de Alcalá 253 los continuos vaivenes, que un día apoyaban al PSOE y otro al PP y Vox. Y lo cierto es que hay algo de propaganda y mucho de mentira en ese argumento, ya que el trifachito, término acuñado por la izquierda, no existe de facto, pero para gran parte de la opinión pública sí. 
Muchos que castigan a los naranjas acusándoles falsamente de gobernar con los de Abascal y los de Casado en Andalucía, Comunidad y Ayuntamiento de Madrid y Murcia, principalmente, quizás olvidan que en junio de 2015 los liberales apoyaron la investidura de la socialista Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía. Y todo eso fue porque la sevillana estaba a punto de volver a convocar elecciones tras perder tres veces en las votaciones de la Cámara autonómica después de haber ganado los comicios.  

 
Sentido de estado

¿Cómo se explica ese contraste tan grande? La región más pobre de España estaba abocada a nuevas elecciones. 
Igual resulta aún más complicado de explicar por qué el 24 de febrero de 2016 Rivera, que en 2008 dijo que Cs era de centro-izquierda, y Sánchez firmaban en una sala presidida por el cuadro El abrazo, un pacto «histórico» de más de 200 medidas para desalojar del poder a Rajoy, al que los liberales auparán seis meses después con un acuerdo de 150 puntos y tras unos comicios legislativos que reforzaron al popular y hundieron al socialista. ¿Sentido de Estado?
Lo que nadie fue capaz de explicar es lo que sucedió el 28-A. Cs había tocado techo con 57 diputados y las cuentas salían con los 123 del PSOE. Pero el cordón sanitario pesó. Las presiones se sucedían y el catalán aguantaba, y más después de las elecciones regionales y municipales del 26 de mayo, donde pasó a gobernar con el PP tres regiones, Castilla y León, Murcia y Madrid, en las que llevaban los populares en el poder 32, 24 y 24, respectivamente. ¿Dónde quedaba la promesa de regeneración? Esa contradicción no se la perdonaron muchos votantes. Y no solo ellos. "El Riverita se creía que iba a poder hacer lo que le diera la gana sin el Íbex", comenta una exalta ejecutiva de una de las empresas más poderosas del mundo.  
 Dentro de unas horas el timón de la nave naranja lo llevará una mujer, que debe convencer a todos de que Cs es de centro, que puede pescar en el centro-izquierda que abandonó Ferraz y que no caerá en más contradicciones.