TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Solo pasión

Algún aficionado al ajedrez (no hace falta un gran nivel, ni siquiera uno medio, para ganarme una partida con sencillez) me querrá sacar a gorrazos del mapa por la comparación, pero viendo el derbi madrileño rememoré una de esas partidas conservadoras en las que ambos jugadores van desarrollando una estrategia casi simétrica sobre el tablero, de tal guisa que en un momento dado se ha formado una muralla central en la que es imposible cazar un mísero peón sin precipitar un caos (yo te como, tú comes, yo como, tú comes…) de consecuencias inesperadas. Y como el principio básico del ajedrecista torpe (yo) es evitar al máximo lo inesperado, la partida puede derivar en un meneo intrascendente de piezas de segunda línea, correrías tontorronas de torres y reyes por detrás de ambas líneas de contención. La consecuencia del plan, si ambos deciden que lo mejor es abandonar el circo e irse a echar un pote hasta nueva orden, son las tablas, claro.

Corroboraron en algunos medios madrileños la sensación que tuve: los mejores del partido fueron Kroos y Thomas, con permiso de Oblak y la mano izquierda que le mete al cabezazo de Benzema. O sea, empeñados en no perder (Simeone lo trae de serie, Zidane lo está aprendiendo) brillaron dos medios: un tipo venido a menos y un muchacho con más pulmón que cabeza, y su fútbol sobresalió por encima de todos porque la partida estaba llena de trampas tácticas y nadie quiso arriesgar. Es lícito, sí, porque el fútbol es el único deporte que brinda la posibilidad de que nadie gane y todos salgan contentos… Lo que también es posible es que los espectadores, al contrario de lo que sucede sobre el ajedrezado, disfruten de algo tan táctico, revuelto y enrevesado: en el fondo, si este deporte no fuera tontorrón y pasional, todavía más en un duelo vecinal como el del sábado, no lo aguantarían ni los ingleses…


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