LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Soy leyenda

19/05/2020

Cuando uno da un paseo por el monte se entiende que el caminante se quede embobado observando alguno de los árboles centenarios que acompañan al paisaje. En ese arrebato formato Greta Thunberg, te olvidas que forma parte de un colectivo más amplio llamado bosque. Me temo que algo de esto ocurre con la retirada de Bernie Sanders de las primarias demócratas. Entender que Joe Biden ha obtenido una victoria contundente, clara y una libertad dogmática es un simple engaño.

No dudo que hay gente del partido que ha respirado tranquilo al ver que alguien prudente, aparentemente liberal y con ese toque sureño lidera las opciones del partido. Las alternativas daban tanto miedo, que todo el mundo daba por supuesto que con otros candidatos Donald Trump destrozaría al oponente. Esa impresión creo que era cierta antes de la pandemia, porque la economía iba viento en popa y el populismo de Trump apelaba con habilidad la sensibilidad de las bases demócratas. Nadie parece preocuparse de la ratio más preocupante de su gobierno, un déficit presupuestario desbocado en un entorno de crecimiento. La deuda es un impuesto silencioso para las futuras generaciones.

La llegada de esta pandemia ha trastocado los análisis políticos. La economía se ha ido al cuerno. Las medidas que se están proponiendo son todas intrusivas, excesivas y otorgan un poder ilimitado al Estado que hace a Joe Biden un alienígena. No significa que la forma de enfrentarse al virus sea una mayor intervención pública, sino que casi todos los países han acudido a los métodos de una dictadura comunista sin ninguna autocrítica. En este punto, Sanders parece más coherente que Joe Biden porque él sí cree en el Estado como garante de todo.

Cierto es que queda mucho tiempo para las elecciones, pero el daño económico se va a sentir durante tiempo. El amor por las estadísticas norteamericana hará que vean como incompetencia sus elevadas cifras, cuando simplemente reflejan su transparencia y gusto por los números. Los gobiernos chino y ruso no tienen dicho apego por la verdad numérica.

Joe Biden no ha ganado la batalla dogmática contra Sanders y la futura generación de demócratas son decididamente de izquierdas. La renuncia a dicho debate augura un futuro problemático. La izquierda americana mira con deseo a una Europa que agoniza aplastada por su esclerosis burocrática y ausencia de innovación. Deberían observar con más cariño su poderoso tejido empresarial porque el fracaso puede ser épico.



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Me pregunto qué debe sentir aquél que sabe a ciencia cierta que alguien le está engañando y, peor aun, que tiene claro que esa actitud traidora no variará jamás