CRÓNICAS BÁRBARAS

Manuel Molares

Periodista. Analista de la política, la cultura y de la sociedad global


HIYAB

Yasmine Mohammed, canadiense de origen árabe y famosa activista de los derechos de las musulmanas, dice que el momento más descorazonador que vivió recientemente fue cuando vio con hiyab por los parques de Cristchurch a la primera ministra neozelandesa, la laborista cristiana Jacinda Ardern, en homenajes a los 50 musulmanes asesinados en marzo por el lobo solitario Brenton Tarran.

El hiyab: la abogada iraní Nasrin Sotoudeh, llegó a ser condenada a 148 latigazos y 38 años de cárcel por tratar de defender a las mujeres que rechazan esa prenda.

Aunque, asustados por la reacción internacional, los ayatolás la liberaron. Lo que demostró que temen las represalias comerciales y que ya no pueden controlar del todo a las mujeres que comienzan a quitarse ese “humillante cinturón de castidad”.

Masih Alimejad, activista y periodista iraní exiliada, como muchas otras musulmanas, se disgustaron e indignaron también cuando vieron ese símbolo de imposición machista usado voluntariamente por Jacinda Ardern en actos públicos fuera de una mezquita.

Alinejad, amenazada de muerte por sus campañas contra el hiyab obligatorio, dijo que admiraba la bondad de Tarrant, pero que la desgarraba ingenuidad sobre qué significa el terrible pañuelo.

Nasrin Sotoudeh, Jasmine Mohammed, Masih Alimejad, Ayaan Hirsi Ali, mujeres educadas en el islam, algunas casadas a la fuerza, mutiladas genitales, esclavas sexuales por la interpretación más machista de su religión, reaccionan disgustadas ante los gestos de ignorancia de muchas feministas que desautorizan su trabajo liberador.

“Le pedimos a las mujeres occidentales que muestren hermandad y solidaridad con las que son golpeadas, encarceladas y castigadas por luchar contra el hiyab obligatorio”, escribe Alimejad.

En España, donde el feminismo cree apoyar a las musulmanas poniéndose el hiyab, debe pedírsele que vean, entre otras muchas, la página web de Yasmine o el twitter de Alimejad.