COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Lo que queda por hacer

Entre valoraciones de “día histórico”, la pretendida indiferencia de quieres dicen mirar hacia el futuro obviando el pasado, y las de quienes siguen aferrados a él se ha procedido a la exhumación del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos para su reinhumación en el cementerio de Mingorrubio-El Pardo. Se cierra, o entrecierra, una etapa de la historia de España. Nadie piensa que el traslado de los restos de Francisco Franco cambie nada hechos pretéritos, pese a que haya quien insista en que se trata de revertir la historia, como si eso fuera posible y no se hubieran sufrido los efectos del franquismo durante más de 40 años.   

Se ha puesto fin a una anomalía democrática y ¿qué ha pasado?: nada. Ni los somatenes han salido a la calle ni ha habido ruido de sables en los cuarteles. Ese ha sido uno de los grandes logros de la democracia, la despolitización y profesionalización de las Fuerzas Armadas. Tampoco nadie ha salido a las calles con bidones de gasolina a quemar iglesias en venganza ni se han organizado manifestaciones antifranquistas. Las manifestaciones de nostálgicos del caudillo apenas concitaron la reunión de menos de un millar de personas. La vida ayer transcurrió con absoluta normalidad. El franquismo político fue vencido por una Constitución que ha permitido superar la dictadura.

Falta por superar, sin embargo, lo que se ha venido en denominar el franquismo sociológico, la voluntad de algunos por no respetar los usos y costumbres democráticos y su defensa de algún tic autoritario, por considerar que la reinhumación de Franco reabre heridas, cuando lo que comienza a hacer es suturarlas. Lo sorprendente es que haya habido partidos que no lo entiendan así, que contrapongan a un hecho histórico los problemas actuales –paro, Cataluña, desaceleración económica-, como si fueran asuntos incompatibles. Pero quienes piensan así quizá se encuentren que los votantes prefieran el original a la copia ahora que un partido abiertamente de ultraderecha y de cierta  significación franquista concurre a las elecciones. Y la pujanza de ese partido es el que demuestra que existe un franquismo latente.

En efecto, la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, un mausoleo religioso en el que se rendía pleitesía a un dictador, no es sino el primer paso de un largo camino que queda por transitar, para acabar con la ignominia de las fosas comunes y los enterramientos en las cunetas, para que las familias recuperen los restos de sus familiares represaliados y para la resignificación del Valle de los Caídos.

En todo este proceso que ha tardado en materializarse más de un año desde que el presidente del Gobierno en funciones fijó la exhumación de los restos como una de sus prioridades al sustituir a Mariano Rajoy en La Moncloa, la familia del dictador ha tenido un papel de escasa generosidad, de ningún reconocimiento del daño causado por Francisco Franco desde 1936 y ha tratado por todos los medios legales a su alcance –nada que objetar- impedir el traslado de los restos a otro mausoleo de Patrimonio Nacional. La familia Franco ha mantenido el desafío hasta el último momento al poder ejecutivo y legislativo. Y el judicial y el intérprete de la Constitución les ha dicho que sus derechos no se han vulnerado. Respecto a otros contenciosos pendientes con la familia Franco también queda mucho por hacer.


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