LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Mbps

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, se equivocó el otro día mientras leía el programa de su partido. Al llegar al apartado de nuevas tecnologías, señaló que «queremos liderar la tecnología móvil 5G, con proyectos piloto que estamos poniendo en marcha y la garantía de redes ultrarrápidas de cien mega... megapips...(sic) será... mbps... en escuelas». Pedro no supo que la abreviatura mbps es el apócope de megabytes por segundo y se inventó un término nuevo para salir del paso. Es lo que le viene ocurriendo desde que entró en política. Inventa cosas nuevas para salir del paso. Saca a Franco del Valle para obviar otros asuntos. Aunque Franco no es ultrarrápido; es de ultratumba. Como su gobierno y el país que asiente.
Dámaso Alonso y Pedro Salinas fueron los primeros que se dieron cuenta de la inmensa fuerza que las siglas cobraron en el siglo XX. De hecho, el primero le dedica al segundo un poema titulado ‘La invasión de las siglas’, todo repleto de apócopes del tipo USA, URSS, OAS, Unesco, ONU, TWA, BEA, BOAC, RENFE, Fulasa, Carasa, Rulasa, Campsa, Fetasa, Fitusa, Carusa, SOS, SOS, SOS... ‘A la memoria de Pedro Salinas, a quien en 1948 oí por primera vez la troquelación siglo de siglas’, escribía el maestro y académico madrileño.
Ciertamente las siglas son un invento para la taquigrafía, escritura rápida y el marketing. Si tuviéramos que preguntar todos los días en información por los trenes que salen de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, daría tiempo a perderlos todos de un plumazo. El problema radica cuando se abusa de ellas, como muy bien advirtieron los dos maestros del Veintisiete. Al final se llega a un texto sinsentido o un mundo ininteligible, donde el apócope o la síntesis encripta la realidad. El epígono de todo ello es twitter, donde la sigla ha sido sustituida ya directamente por el insulto. El HDP es una caricia ingenua y primigenia de los menos maleducados.
El problema de las siglas es que el lector no tiene por qué saber su significado, como le ocurrió a Sánchez. En su caso, revela además que no escribió el discurso de su puño y letra. Aunque claro, eso ya lo vimos al principio cuando Iván Redondo cogió la estilográfica para redactar la moción de censura. Pedro lee lo que le ponen y sube fotos a las redes, que no necesitan abreviaturas.
Imagino que habrá cesado a quien le escribió el texto por no advertirle de los ‘megapips’, que podría ser la nueva unidad de medida de los presupuestos prorrogados. En realidad, todo él es una prórroga desde que llegó, una prórroga no iniciada aún. Tiene la virtud, eso sí, de dejarse llevar y saludar al Rey para ponerse a su lado como si tal cosa. Pedro ejecuta un guión a la perfección que otros le escriben. Lo malo es cuando los negros van tan deprisa que no explican antes lo que escriben. Soy defensor a ultranza de los negros y no tiene por qué un presidente escribirse todo lo que lee. Un buen negro disfraza la mediocridad con trazos. Azaña se preparaba los discursos de memoria mientras paseaba por el Retiro. Es esa y no otra la verdadera memoria histórica. El resto es histérica.
Pedro ha tenido la virtud de darnos el titular, de encriptar la realidad nuevamente. Ha sido una legislatura abreviada, un apócope. El personal se encoge de hombros y fuma en pipa. Atpclb. O lo que es lo mismo. ‘A Tomar Por Culo La Bicicleta’.