LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Las lágrimas de Blanca

15/04/2020

Las lágrimas de Blanca Fernández son el llanto de un pueblo que no puede enterrar a sus muertos, un duelo inacabado, una gestión imperfecta, un soplido en el resuello, la agonía de cada mañana al levantarse. Ha hecho Blanca más política en un minuto que la mitad de gobernantes en el mundo, porque se ha calzado las alpargatas del dolor, las que pisan tierra que se muere, diluye, esfuma. El paso del Coronavirus por la región está siendo como el de un tifón desbocado que reventara los trigos y cáñamos y los dejara secos y esparcidos en la llanura. Blanca llora de impotencia y gratitud y en sus ojos hay más verdad que en todas las redes juntas. La verdad es la única flor limpia y doliente que aúlla en esta primavera.
Blanca es de Porzuna, envés de los Montes de Toledo, sierra hermosa que se levanta en la meseta. Los manchegos tenemos cogido el sentido del viento, bien por los cerros, bien en la llanura. Una amiga mía de la Mota decía que se subía de pequeña a los molinos y se ponía a escuchar el viento. Y desarrolló toda una teoría sobre ellos, tanto que ya sabía el día que tendría en función de cómo roncara la mañana. Ahora nos pasa lo mismo. Nos levantamos y es como si supiéramos que el viento cabrón nos va a abocicar el alma. Andamos encogidos, como sin aire. El virus nos lo ha quitado y no hay mascarilla que lo devuelva. Se corta la piel dura y tiembla la lágrima en el ojo. Las lágrimas de Blanca, lágrimas de la Mancha vuelta.
He hablado con ella varias veces y siempre aprecié verdad en lo que decía. No es poco para un político. Blanca es noble y lo demuestra llorando. Se rompió en rueda de prensa cuando hablaba de los medios. Medios y política, agua y aceite, que sin embargo también lloran en interminables horas de trabajo. La tensión es máxima y los dientes se aprietan. Quiere uno no equivocarse y duda. Pero el camino se abre paso en el sentido común. La crisis política es evidente, nadie está preparado para una pandemia. El tiempo de juzgarla llegará, aunque ya está aquí el de vencerla. Por eso, se esperan soluciones y propuestas, del Gobierno y la oposición, igual que ya ha hecho la sociedad civil, cada uno desde donde le toca. Lo demás no nos vale ni nos sirve. Ni grandilocuentes discursos ni críticas desaforadas. La gente llora y quiere abrazar a sus muertos. Propongo con humildad que, si el Gobierno de España no quiere, en la región se decrete luto hasta que esto pase. Por respeto, por empatía, humanidad. Por el derecho a seguir hacia adelante sobre las raíces de quienes nos precedieron y se van en silencio. Ya habrá tiempo para otras cosas y quizá esto no entre en los manuales del marketing y el rédito político. Pero tienen que dejarnos llorar, deben dejarnos llorar y no estar a otras cosas.
Las lágrimas de Blanca, en fin, son la imagen viva de esta tierra que nos duele y raja por dentro, se parte por la mitad y desangra. La Mancha es larga y anchurosa, llana, plana, infinita, junta el cielo con el suelo y hace igual un hombre a otro hombre en el horizonte. Por eso aquí nadie pregunta a nadie y los brazos siempre se abren. Como en Madrid, otro poblachón manchego. El virus ha azotado las sociedades abiertas. He visto en Blanca la noble condición de la política y hasta su impotencia. Gracias por dejarnos llorar contigo