OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Injusticia

Hace años pensé que el sentido común empezaba, por fin, a anidar en parajes donde no había habitado antes. Sin embargo, cada vez soy más pesimista, aunque no pierdo la esperanza. Si a estas alturas de la evolución de la humanidad estamos todavía así, cuánto habrá que esperar para que el raciocinio pleno domine. Jamás he entendido cómo, cuando se produce una separación, uno de los progenitores, ella habitualmente, puede llegar a la convicción de que los hijos son más «suyos» que del padre o que con ella estarán mejor que con él. No me entra en la cabeza. Lamentablemente, conozco a demasiados hombres a los que, llegado el momento de separarse de su pareja, les han forzado además a hacerlo de sus hijos limitando su contacto a unos pocos días y horas quincenales. A partir de entonces, ellos y sus familiares directos son unos proscritos para sus hijos, mientras que la madre, sus abuelos maternos, sus tíos y primos por parte de madre ¡no tienen límite! ¿Cabe mayor sinrazón? Afortunadamente, hay otras muchas mujeres que piensan en sus hijos, no en ellas mismas, actuando de manera sensata y justa. Pero tengo amigos que se han volcado en sus hijos, si no más que la propia madre al menos lo mismo que ella… y eso ha sido sancionado por ellas. Todos conocemos casos de hombres que, por si los estacazos recibidos eran pocos, les han venido otros muchos al verse obligados a abandonar la casa, que incluso era de ellos, o a tener que combatir, en inferioridad de condiciones y posibilidades, la manipulación malvada a la que han sometido a sus hijos desde el «bando» contrario generando hacia ellos, los propios hijos, animadversión o rechazo. Lamentablemente también he comprobado que solo se es consciente del dolor causado si un día un hijo o hermano de la madre sufre el calvario por el que ella misma hizo pasar al padre de sus hijos. Entonces sí se entiende lo que es la injusticia.