CRÓNICA POLÍTICA

Fermín Bocos

Periodista y escritor. Analista político


Cabalgar al tigre

El pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar un Gobierno  de coalición entre el PSOE y Podemos anula todo las descalificaciones que le hemos escuchado a Sánchez al respecto de Iglesias. Todavía el viernes pasado -día del último mitin de la campaña- Sánchez alertaba acerca de la doblez de Iglesias a quien abiertamente señalaba como persona de la que uno no se podía fiar. Días antes, toda España se hizo eco de otra declaración suya en la que confesaba que no habría podido dormir si Iglesias o cualquier otro dirigente de Podemos hubiera formado parte del Consejo de Ministros. El desvelo que según su decir provocaría semejante situación lo hacía extensivo al 95% de los españoles. Pues bien, dónde dijo lo que dijo ahora dice todo lo contrario y anuncia un pacto con quien hasta antes de ayer era un peligro, entre otras cosas, por ser partidario del derecho de autodeterminación, de celebrar un referéndum sobre la independencia de Cataluña y por llamar presos políticos a los dirigentes separatistas condenados por el Tribunal Supremo por delitos de sedición y malversación de fondos. 
Debe ser la "nueva política": Dr. Jekyll y Mr. Hide. Pero es lo que tenemos como resultado de varios factores políticos y sociológicos. Aquí, en la política, la contradicción, la falta de coherencia, el cinismo o la mentira -hoy digo una cosa y mañana la contraria- no resulta penalizada por la opinión pública. O lo es en persona equivocada. La paradoja de la situación es que Albert Rivera al frente de Ciudadanos se despeñó en las elecciones del 10N, pero tenía razón al advertir que Pedro Sánchez manejaba una agenda secreta, o plan B. Siempre tuvo la intención de pactar con Podemos incluso cuando denostaba a Iglesias en mítines y platós. Rivera ya es Historia. Y lo que anuncia Sánchez empuja a evocar otra época de nuestro pasado que creíamos que nunca se repetiría. Un Gobierno del PSOE con un partido como Podemos dirigido por quien nunca ha negado sus convicciones comunistas, ni sus simpatías y lazos con los regímenes bolivarianos de Hispanoamérica. 
Como el pacto resulta insuficiente en número de escaños y por lo tanto está pendiente de ampliación hacia otras fuerzas con representación parlamentaria la gran duda es saber si Sánchez se atreverá a intentarlo con ERC cuyo líder, Oriol Junqueras, cumple condena por sedición. La otra incógnita es si Sánchez conoce la fábula de la rana y el escorpión o sí va tan sobrado por la vida como para pensar que se puede cabalgar a un tigre sin sufrir las consecuencias.