DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Descansa Víctor

Víctor López tenía 20 años, estudiaba un grado superior en animación sociodeportiva y en el horizonte más inmediato se había propuesto ser Policía Nacional. Además, para los que prefieren fijarse sólo en los ninis, había comenzado a trabajar como carnicero en un centro comercial de San Fernando de Henares, en Madrid. Víctor vivía en Rivas Vaciamadrid y el pasado domingo se levantó a las seis de la mañana para acudir al trabajo. En el camino se encontró con Kevin Cui, un joven de origen asiático de 24 años. No se conocen muchos más datos de él, pero su historia nos importa poco. Seguro que no tiene ni la mitad de mérito que la de su víctima. Esa mañana volvía de copas y en la M50, en el límite entre Coslada y Madrid, el Golf morado conducido por Kevin embistió a gran velocidad contra el coche en el que viajaba Víctor. Circulaba en sentido contrario después de conducir de forma temeraria durante muchos kilómetros. En el test de alcoholemia, Kevin triplicó la tasa permitida.  
En el momento del accidente, Paco, el padre de Víctor, estaba trabajando. Es guardia de seguridad y por las noches vigila las instalaciones de un centro comercial mientras permanece cerrado. La madre, Gema, se quedó en la cama y envió a Víctor un mensaje de WhatsApp que nunca llegó a leer: «Que se te dé bien el día». Este año ha sido especialmente duro para los dos. Todavía no se habían recuperado de la muerte de Roberto, su hijo mayor. Cuando la Guardia Civil les comunicó la noticia no se lo podían creer. A partir de ahí, todo ha sido un cúmulo de despropósitos. Cuando fueron a recoger los objetos al desguace, les entregaron las pertenencias del kamikaze y no las de Víctor. Además, comprobaron con horror cómo alguien había robado el dinero que llevaba dentro de la cartera y le había arrancado el reloj Apple Watch con un cúter. ¿Se puede ser más miserable?
Cuando ya nada podía empeorar, a Paco y a Gema el rejón de castigo se lo propinó la Justicia. Tras negarse a declarar, Kevin Cui quedaba en libertad. Una vez más una decisión judicial chocaba con la realidad y el dolor de una familia, a la que un borracho había segado la vida de su hijo, entraba en clara contradicción con los fundamentos del derecho. Era muy difícil entender esa decisión y, para ver algo de luz, este jueves, poco después de la una de la tarde, hablaba en Mediodía COPE con Celso Fernández, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Por muy polémico que sea el asunto, siempre se pone al teléfono y nunca rehúye las preguntas, aunque esta vez intuí que tenía que hacer grandes esfuerzos para explicar lo que había ocurrido. Me habló de la ley de enjuiciamiento criminal y recordó una cuestión evidente que implica que «toda persona tiene derecho a un juicio justo». Aunque la prisión provisional es una medida excepcional antes de la celebración de un juicio, en esta ocasión había un factor claro que no se puede omitir: el kamikaze podía volver a delinquir y encontrarse por el camino con otra persona como Víctor. Los argumentos para dejarle en libertad eran tan débiles como incomprensibles para la gran mayoría, y, ante el clamor social desatado, el juez de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Coslada ordenaba la detención de Kevin, que se encontraba ingresado en el Hospital Gregorio Marañón. Sólo los castigos ejemplares sirven para disminuir determinados delitos, especialmente los vinculados con la seguridad vial, donde las consecuencias pueden ser fatales.