TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Era mentira

Gareth Bale puede ser lo que Gareth Bale quiere que Gareth Bale sea. Más o menos ése es el mensaje que nos vendieron cuando al Barça le dio un ataque de limpieza fiscal para fichar a Neymar y al Madrid uno de celos por los ‘cuernos’ del brasileño… y se trajo a Bale para compensar. Algunos lo barruntaron en su momento, nada de oportunismos actuales: «Rara vez un jugador británico ha triunfado lejos de las Islas». Con éste será distinto, te dijeron: tiene las condiciones físicas de un caballo, de un ala de rugby (que en Gales tienen más crédito que la inmensa mayoría de futbolistas), de un avión. Y gol, tiene mucho gol. Y voluntad, y futuro, y presente, y disparo, y capacidad defensiva, y elevalunas eléctrico, y sistema de navegación, y todos los extras con los que siempre soñaste. Y claro, vendido así, el madridismo pensó en el nuevo Balón de Oro y ha terminado queriendo pitarle hasta cuando se fríe una chula de panceta. «Así no se hace, ¡desgraciado!». Bale, a pachas entre su incapacidad para adaptarse y la presión brutal del entorno de un gigante como el Madrid, es la enésima víctima de ese extraño ‘stablishment’ en el que seguimos haciendo verdad de una trola y, después de creérnosla, le exigimos que jamás vuelva a ser mentira. Y claro, Bale se queda mirando al tendido con cara de vaca frente a un tren, porque no entiende (ni el idioma ni la actitud) cómo ha desembocado todo ahí, en la bronca, los pitos en el minuto tres y la pañolada en el cinco. Pues probablemente porque incluso tú, Gareth, te creíste el cuento y actuaste como pretendían que fueses… y no como eras realmente: un gran jugador con piernas de cristal, amante de la irregularidad, con el don de aparecer en los momentos decisivos. Con esas condiciones, leo que el Madrid quiere sacarle 130 millones de euros. Después de toser, he comprobado que hablaban en serio. Suerte; el Tottenham ya sacó 100...