TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Pedro Sánchez, en guerra con Madrid (y con París)

15/05/2020

Escribo desde el cerocomacincoporciento, el confinamiento especial al que estamos sometidos siete millones de habitantes de la Comunidad de Madrid. Gentes que andan de los nervios, en situación anímica que en algunos casos llega al límite. Que culpan al Gobierno. O, en el otro extremo, que culpan a los que ruidosamente culpan al Gobierno. Socorro, que alguien haga algo.

Francamente, resulta difícil pensar que puedan declararse guerras entre el Gobierno de una nación y el Gobierno de la región en la que se asienta la capital de esa nación, pero así andamos: por si nos faltaba algo, hétenos aquí en plena batalla descarnada -con San Isidro contemplándola, pasmado, desde la pradera vacía- entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso, ahora pretextando un tema que cualquiera puede ver que es absolutamente menor, el alquiler del apartahotel en el que vive la aguerrida presidenta de la Comunidad Autónoma Madrileña. Eso, claro, es el pretexto, ya digo; lo importante es ver quién manda aquí, qué carallo. Y Díaz Ayuso se está atreviendo a sobrepasar a su jefe político, Pablo Casado, en el grado de oposición al Gobierno de coalición 'de progreso' liderado por Sánchez y Pablo Iglesias. Quo vadis, Ayuso?

El caso es que la respuesta indignada de la mujer que preside Madrid contra los ataques de quien preside la nación se ha hecho, con perdón, viral. Y su apoyo no tan indisimulado a los centenares de personas que se congregan en la zona bien de Madrid para protestar -y no precisamente en voz baja- contra el Ejecutivo de Sánchez e Iglesias se ha convertido ya en un desafío a las normas de confinamiento determinadas por el ministro Salvador Illa, el inventor a última hora de un desconfinamiento solo con la puntita, una clasificación que se quería especial para Madrid. Otro invento de la fértil mente ministerial en estos tiempos del cólera, digo de la pandemia.

Hay que reconocer que el Gobierno central no está haciendo las cosas bien. Sánchez, en su alocución previsible de este sábado, volverá a apelar a la unidad, insistirá en que él no responde a los ataques porque no es momento de lucha política. Y tendría razón si sus largos tentáculos subterráneos no lanzasen cada día sus afilados dardos contra Díaz Ayuso, a la que hay que reconocer un exceso de ardor guerrero, seguramente azuzado, creen muchos, por un colaborador cercano. Habría de cuidar la presidenta madrileña su actitud provocadora y su aproximación a algunos grupos extremistas que no anidan precisamente entre las bases del PP.

Y también debería cuidarse de los idus de mayo, ya que no lo hizo de los de marzo: recuerde que una tontería como haber olvidado, ejem, pagar unas cremas en la caja de un supermercado hizo caer a su antecesora Cristina Cifuentes, que ya molestaba demasiado. Y es que la política en Madrid no se anda con bromas: recordemos el tamayazo, que impensadamente llevó a Esperanza Aguirre al poder. O aquel cambio en la cerradura de la Federación Socialista Madrileña para impedir que en ella entrase Tomás Gómez, proscrito por Sánchez. O que ni uno solo de los presidentes autonómicos posteriores a Joaquín Leguina se ha librado de serias sospechas de corrupción, y alguno fue a dar con sus huesos en la cárcel. Madrid es, sencillamente, un compendio, corregido y aumentado, de las miserias que aquejan al secarral político español.

Tiéntese, pues, la ropa doña Isabel y recuerde con quién se juega los cuartos. Que no están los tiempos para tiroteos: imite la actitud templada del alcalde y correligionario Martínez-Almeida. Al tiempo, tampoco sería malo que Pedro Sánchez hiciese palpables y creíbles sus proclamas de unidad en estos tiempos de aflicción de la patria y relajase, él también, sus ribetes autoritarios: a mí no me tose ni Dios, da la impresión de estar diciendo continuamente. Y menos, en tiempos del coronavirus. Ah, la vieja política testicular, tan española.

Hay que reconocer que es precisa mucha maña para entrar en liza con quien encarna la gobernación de la principal región española (tampoco es que ella sea una mujer de paz, como quien dice) y, al tiempo, para iniciar un contencioso con la capital del país vecino, París. No sé quién es el genio que ideó aquello de la 'cuarentena al turista', dirigida contra el pobre insensato que se atreva a visitarnos, procedente del extranjero, hasta el 15 de junio. Pero sí sé que ha desatado el pasmo en todas las cancillerías europeas, donde la tónica es precisamente la contraria, y ha provocado una oleada de indignación en el Gobierno francés, que, en clara represalia, ha decidido responder con la misma moneda: todo español que quiera viajar a Francia ya sabe, cuarentena al canto. C'est la guerre. Fantástico. Esto tiene, definitivamente, mal arreglo.

Significativo que ese gran artista a quien tuve el honor de conocer y que fue Juan Genovés, quien, con su obra el abrazo, se convirtió en símbolo de la Transición que aproximó a las dos Españas, haya muerto en el día de San Isidro, patrón de los madriles y de los labradores. No están los ánimos, ni los tiempos sanitarios, para andar abrazándose. Si no, que se lo digan a Sánchez. O a Díaz Ayuso.



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