TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


El tomton tiene un virus

No me gusta el tiempo en que habito. No me gusta por muchos motivos, aunque a mí en lo personal no me va mal, ¡o sí! que quisiera para los míos que las cosas fueran de otra manera, pues yo ya he descontado muchos años de mi vida. Digo que no me gusta porque se desprecia al sabio y al virtuoso, cuando deberían ser ejemplo para los mediocres que están en continua expansión. Se valora muy poco la sabiduría y la virtud. Es más fácil movilizar a la muchedumbre por los plásticos del mar y el deshielo del Ártico que por la mortandad de los no nacidos o los que nacen con la muerte escrita en el rostro. Nadie se levanta contra el integrismo que asola África, Asia y Oceanía. Prada escribió una verdad que no se escucha en las letrinas, ni se destaca en las noticias que nos llegan al smartphone, «al hombre no le hacen cambiar las verdades científicas, sino las verdades espirituales y morales (que son las que nuestra época niega y escarnece)». Consumimos basura de todo tipo incansablemente, y luego nos quejamos por que el planeta está sucio, ¡qué poco nos miramos el cerebro! lugar lleno de inmundicia, que lo de las tripas se puede reciclar. Crece y crece la economía de los países del primer mundo, crece y crece la demografía en los países Tercer mundo. Y aquí, también en Cuenca, consumimos incansablemente todo lo que nos ofrecen, que pocos nos resignamos a tener un móvil de última generación, a cambiar de coche aunque no lo necesitemos, y no somos conscientes de que también nosotros somos depredadores, no solamente contra el mundo, sino de la naturaleza humana, de la geografía humana, esa que sabemos se colapsará sin que pasen muchos años. No se puede crecer imparablemente y al mismo tiempo preservar el medio en que vivimos, o lo uno o lo otro. Al final reventara el mundo, basta con un botón o votar con tomtom. 
   Siempre se ha dicho que hay que hacer de la necesidad virtud, que es lo que hacen los que menos tienen. Pero me consta que hay gente que pudiendo escoger eligen la virtud como norma de vida, pero eso no se lleva, no se dice, aunque hay quien se muestra virtuoso día a día, Alguna buena gente que yo tengo la suerte de conocer.
   Que nadie dude que la gente volverá a los pueblos, esos que ahora se vacían, cuando salga más caro comprar un kilo de manzanas que mantener vivo y productivo un manzano. Algunos urbanitas han vuelto. Con la que se avecina en este año apocalíptico, que en términos bíblicos significa esperanza, los de las capis serán los más damnificados, que el huerto no les cabe en la terraza, y el sueldo para comprar víveres no les llega ya casi a fin de mes. 
   Ahora la humanidad se comporta como las bacterias. Los humanos lo devoramos todo, lo bueno y lo malo, agotamos la pesca en los océanos, se agotan las tierras sanas, y las que tenemos están contaminadas de agroquímicos que contaminan hasta las aguas subterráneas. Incluso algunas selvas que han estado vírgenes hasta hace poco ahora se han convertido en enormes basureros. Todo el mundo se mueve en busca de oportunidades, materias primas, trabajo, y los más para sobrevivir salen de su casa en busca de oportunidades para llevar una vida digna. ¿Y cuando ya no haya nada que explotar, ni lugares que ofrezcan oportunidades, qué? ¿Ponemos una ONG contra el maltrato agropecuario y las bacterias que se están muriendo con tanto agroquímico? Quizás un hospital para reciclar memos y aprovechateguis sería más conveniente...
   El problema del mundo es cada vez más el de la contaminación, pero no nos queremos dar cuenta de que quien más contamina es ese cacharro luminoso que todos tenemos al alcance de la mano y la vista, ese que nos hace participes de esa economía global que lo devora todo, y que cuenta con el beneplácito de los líderes más vergonzantes que ha conocido la raza humana. Ponemos alarmas en casa, fronteras en los países, áreas reservadas solo para ricos, pero nada detendrá el virus, nada si no damos un giro al mundo, si sus dirigentes no se vuelven más virtuosos, más dignos. El consumismo es otro virus que nos está destruyendo, y es más fuerte que la moral de las personas. Urge rescatar el alma que están escondida en ese cuerpo convertido en autómata al servicio del consumismo.