PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


La ruina del amarillo

Están los campos hermosos. La primavera es verde y azul. Es una hermosa postal para el viajero que llega y que el domingo se irá. Pero para las gentes de la tierra esta belleza puede ser letal. El azul del cielo es el color que menos desean ver.
as lluvias no llegan. Las cosechas de cereal, si las nubes siguen sin aparecer ni descargar, pueden, en muy poco tiempo, darse por perdidas. Pero esto no parece ser noticia. Buen tiempo siguen diciendo en las previsiones meteorológicas, aunque ya alguno, hay que reconocerlo, se lamenta de la falta de precipitaciones. Pero se habla más de las temperaturas y de que son excesivas que de lo que la sequía puede suponer para todo el medio agrario. Solo empezará, si por desgracia sucede, la preocupación si los pantanos comienzan a vaciarse y salta la alarma de que puede haber restricción en las ciudades. Los agricultores siguen, en lo que a información se refiere, ciudadanos de segunda. Y el campo la postal a la que se va el fin de semana.
No ayudan mucho, lo empeoran aún más, los que llegan ahora en campaña electoral en plan buenos chicos de la ciudad que entienden los problemas y dicen que los van a tener como prioridad o esos que se dan paseos por la «despoblación». Reconozco mi subjetividad pero cada día aguanto  menos esas conmiseraciones urbanitas sobre el medio rural.
 La sequía, desde luego, hasta ahí no llego, no es achacable a los políticos. Tampoco las lluvias. No alcanzo la categoría de aquel «Ppiove, ¡ porco goberno!» aunque ahora más bien sería «¡No llueve, gobierno ladrón!», pero si que molesta la demagogia creciente sobre todo lo que al medio agrario se refiere y que ahora, al barrunto de la urna y tras algún susto anterior, proclaman todos, con mayor o menor devoción. Vamos que no me extrañaría ni siquiera ver a Pablo Iglesias el Pañales empuñando un azadón.
Pero a lo que vamos. Lo que se barrunta es que la añada puede ser demoledora y propinar un golpe demoledor a las cada vez más precarias rentas agrarias y ganaderas. Las explotaciones viven siempre un tanto al debe y teniendo que ir adelantado los dineros que se espera recuperar. Una temporada catastrófica, y esa empieza a tener pinta de serlo,  puede acabar con no pocas economías y poner en el disparadero a unas cuantas más.
Así que mis queridos paisanos. Nada me gustaría mas que empaparme cuanto antes, que haga «mal tiempo», que no pare de llover en unos cuantos días y que sea de nuevo cuando queremos volver a ver el azul. Porque ahora si lo seguimos viendo el verde va a pasar al amarillo en un santiamén. Y del amarillo ya no hay vuelta a atrás. Es, en estos meses, el color de la ruina.