EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


El negro de WhatsApp

Conocí a Endonga Unweto Mandinga cuando tenía unos quince años y su pene no sobrepasaba entonces los treinta centímetros de longitud, aproximadamente. Aspiraciones de futuro ya tenía Endonga cuando nos hablaba a los miembros de la ONG de su sueño de salir algún día de su aldea, de salir incluso de Ghana y triunfar en el mundo, ganar mucho dinero y fundar una familia.
Con su sombrero playero, la toalla en sus hombros y el pene de un tamaño prominente, la imagen del negro de WhatsApp ha colmado con creces la fama internacional de Endonga, como meme viral clásico en las redes sociales, fomentando además la creatividad de muchos mediante la elaboración de ingeniosos sistemas y fórmulas de video y fotografía para intentar esconderlo en imágenes trampa que nos dan una sorpresa descomunal, nunca mejor dicho, al conjunto de sufridos y resignados componentes del grupo de amigos de WhatsApp.
Escribo esto, entonces, por dos motivos. El primero, para rogar encarecidamente a los miembros de mis grupos de WhatsApp que se abstengan inmediatamente de enviarme de nuevo la foto de Endonga. En segundo lugar, para resaltar que nunca tanta fama fue tan poco recompensada, tan poco rentabilizada. Sobre todo, cuando hoy en día al éxito económico se puede llegar desde caminos muy diferentes, al margen de formarse y prepararse lo mejor posible, lo cual no nos garantiza que vayamos a tener una buena situación económica. Hay personas que con peores cualidades que la de Endonga, y a las pruebas me remito, han alcanzado la fama y el éxito económico sin paliativos, del que carece Endonga, en una evidente injusticia que vengo aquí a denunciar.
Comparativamente, observando los atributos y dones de cada uno, el caso de Belén Esteban, a quien su relación con el torero Jesulín de Ubrique la catapultó a la fama y el dinero, y el caso de Kiko Rivera, hijo de Isabel Pantoja y ex compañero de Belén Esteban en ‘Gran Hermano VIP’, son ejemplos sangrantes que vienen a corroborar el hilo de mi argumentación en defensa del negro de WhatsApp.
A menudo, la consecución de los objetivos y los sueños se dilata en el tiempo, de manera que, en mitad del trayecto hacia ellos, no sabes si serás capaz de lograrlos. Es por ello por lo que he decidido aportar un poco de luz y animar a todos aquellos que, como el negro de WhatsApp, gozando de los atributos necesarios, quieran hacer realidad sus expectativas definiendo correctamente sus objetivos, esforzándose duramente en el camino y hacer buen uso de las habilidades y la aptitud innata, el talento, la destreza o la capacidad que ostente para culminar con éxito determinada actividad, trabajo u oficio, que en el caso que nos ocupa del negro de WhatsApp no quiero ni debo mencionar.