TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


No es nooo, ¿te enteras?

Bueno, ya han concluido, o están a punto de concluir, los pactos territoriales. Ha terminado, o a punto estamos, aunque falte la Comunidad de Madrid -todos sabemos el final de esa película--, ese recorrido frenético por las tierras de España que hermana a los más extraños compañeros de cama en busca del trono del poder municipal o autonómico. Así que ya va llegando el momento de la apoteosis final: ¿Con quién nos gobernará Pedro Sánchez? Casi todas las hipótesis, incluyendo una eventual repetición de elecciones, están abiertas. Excepto, claro, las puertas de quien se ha enfrascado en el no es no y ahora ya no puede volver grupas. Esas puertas permanecen cerradas, ¿definitivamente?

Cualquiera pensaría que lo que los países necesitan son búsquedas de acuerdos, intentos de conciliación para ir construyendo una democracia más sólida e igualitaria. Buscar los puntos de coincidencia, para superar las discrepancias. Pero eso será, me dice un amigo que se autotitula politólogo, en Alemania, y nosotros no somos alemanes. Nosotros somos lo que decía el canciller Bismarck, alemán por cierto: la nación más fuerte del mundo, porque los españoles llevamos siglos intentando destruirnos a nosotros mismos y aquí seguimos, empeñados en el error, tan pichis. Nunca entendí la maldición de no poder ser, en ciertas cosas, como los alemanes, que te hacen una grosse koalition y hala, a funcionar.  Ni entiendo el no es no por principio. Aquí, dices en voz alta lo que todos dicen en voz baja, que no se entiende la resistencia de Ciudadanos y del Partido Popular a permitir que el PSOE gobierne en solitario, sin tener que hacer ministro (perdón, secretario de Estado, según las últimas versiones) a Pablo Iglesias, sin tener que guiñar el ojo a los de Esquerra, y te acusan de ser un submarino de las consignas de Ferraz. O de Génova, o de la calle de Alcalá, donde los naranjas tienen su sede.

Los más aguerridos insisten en que no hay por qué dar ningún cheque en blanco a alguien como Sánchez, olvidando que no tiene por qué ser un cheque en blanco y que son muchos los españoles que han votado al PSOE, sí, pero no al PSOE con Podemos, más el PNV, más Esquerra Republicana de Catalunya. Pero Albert Rivera ya no puede volverse atrás. Cometió el tremendo error de decir que echar a Sánchez era una prioridad nacional y se encontró con que siete millones y medio de personas, que votaron al PSOE, no compartían ese punto de vista. Ahora, ¿cómo rectifica, aunque sus aliados -desde Macron hasta el exsocio Manuel Valls, pasando por algunos fundadores de Ciudadanos-, aunque tantos editoriales de periódicos, que no todos serán submarinos socialistas, digo yo, le piden que lo haga? Pues nada: que no es no.

Me sorprende, por otro lado, el relativo silencio de Pablo Casado, que se ha recetado grandes dosis de moderación verbal una vez que comprobó que aquello de llamar "felón" al presidente del Gobierno en sede parlamentaria no le daba buenos réditos electorales. Para mí que Sánchez y Casado, y Sánchez y Rajoy, por ejemplo, se hablan más de lo que sabemos. Veremos si ello no acaba parando en alguna sorpresa agradable, aunque, hoy por hoy, son las voces de los halcones las que predominan. No es no a Sánchez, y que otros, o sea, los de Podemos, Esquerra etcétera, le saquen las castañas del fuego, aunque nos metan a todos en el horno. Y Sánchez puede permitirse el lujo de esperar. No demasiado, pero ahora quien controla los tiempos y fija la fecha para la primera sesión de investidura es él. Sánchez calla, y lo más que hace es enviar a su portavoz oficioso Ábalos a sembrar un poco más de confusión, mientras los demás líderes andan copando titulares de manera un tanto alborotada. Me parece que el presidente en funciones y aspirante a presidente ya ha entendido que eso del 'no es no' resulta una hipoteca demasiado gravosa para el futuro. Y que la única sentencia que siempre se acaba cumpliendo es la del cínico Romanones: "En política, cuando digo jamás quiero decir hasta esta misma tarde". Yo creo que Albert Rivera, el hombre más zarandeado estos días en las columnas periodísticas, ya conocía esta frase. E incluso la aplicó en ocasiones pasadas.