NUEVO SURCO

Javier López


Emilianismo

Dentro de unos años, cuando miremos hacia el 26 de mayo de 2019, lo analizaremos como un caso paradigmático en la historia política española, en un momento, además, de cambio total y de renovación de las estructuras políticas. Un momento en el que el candidato del PSOE a la presidencia de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, consiguió una abrumadora mayoría absoluta en la era de los bloques, de las aritméticas y de la fragmentación política total. Y lo logró haciendo un inédito ejercicio de transversalidad cuando lo que se ha puesto de moda es trazar cordones sanitarios y se vuelve a hablar del bloque de las derechas y el bloque de las izquierdas como dos espacios impenetrables sin ninguna posibilidad de intersección entre ellos. Los nuevos partidos que vinieron a ensanchar espacios han contribuido, por el contrario, a precintarlos a cal y canto y a que España vuelva a mirarse solamente y nada más en forma de dos mitades con nulas posibilidades de entendimiento. Alguna vez tendremos que pedirles cuentas por ello.
Pero en este panorama hay excepciones que han salido victoriosas. Una de ellas es la del PSOE ‘made in Castilla-La Mancha’, cuyas esencias hay que buscarlas en José Bono y que actualiza ahora, incluso con más éxito, Emiliano García Page. Un PSOE peculiar en su forma de proyectarse, un partido apegado al terreno que conoce la tierra que pisa con sus querencias y costumbres, un partido al que le votan los que va de suyo que lo hagan y otro tipo de personas, algunas netamente conservadoras. Solamente así se puede explicar la abrumadora victoria de Emiliano García-Page. En la noche electoral el emilianismo se consolidó como un ejercicio de transversalidad política en el que, como dice su mentor, «el toreo al natural es por la izquierda pero para conseguir trofeos hay que torear con las dos manos», es decir, para ganar elecciones. Lo dijo en Guadalajara en uno de los últimos mítines antes de terminar la campaña. Para entonces ya estaba claro que García-Page ganaría pero no se calibraba aún el tamaño de la victoria.
En cualquier caso, la victoria da vía libre al ganador para gobernar durante cuatro años con amplitud y comodidad, sin hipotecas. Podemos ha pasado a la historia política de Castilla-La Mancha como flor de un día. No ha sabido conectar de manera auténtica y profunda con ese precariado que nació en la gran crisis de los últimos años y que hoy sigue siendo una de las grandes heridas de la sociedad española, un drama de grandes proporciones. José García Molina dimitirá. Era previsible, y no hace más que confirmar la tendencia a la baja de este populismo morado que quiso asaltar los cielos  hasta que le pusieron una confortable moqueta en el camino. Pero además de gobernar con comodidad en Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page se convierte en una sólida baronía en los juegos de poder del PSOE y en los equilibrios territoriales de España, mucho más tras la caída de Susana Díaz. Después de superar sin que la sangre llegara al río unas relaciones que no han sido ni mucho menos fáciles con Pedro Sánchez, el presidente de Castilla-La Mancha podrá acudir a la Moncloa y a la calle Ferraz desde una posición inmejorable para hacerse oír en cuestiones tan rocosas como el trasvase. «Castilla-La Mancha va a contar en España”, dijo tras la victoria del 26M. Eso es lo que a partir de ahora tendremos que evaluar con la máxima atención. También, por supuesto, debería contar en el concierto nacional la inequívoca posición de esta región en la defensa de la unidad de los españoles, algo que ya forma parte de nuestra marca y de nuestro sustrato a lo largo de las décadas.
El poder territorial del PSOE en Castilla-La Mancha deja a la oposición un arduo camino de reconstrucción. Veremos hasta donde puede llegar Paco Núñez. Las cinco diputaciones estarán controladas por el PSOE, aunque se necesite pacto en dos de ellas. En la capital regional la victoria de Milagros Tolón ha sido también incontestable. Otras capitales están para el PP pendiendo de un hilo o directamente pasan al PSOE. Localidades de la envergadura de Talavera o Puertollano serán focos de poder socialista. Y hay victorias de gran repercusión mediática como la de la Roda, donde ha arrasado Juan Ramón Amores, ejemplo por su corajuda lucha contra la ELA, o en Santa Cruz de los Cáñamos (Ciudad Real) donde el joven Isidro Sánchez marcará otra página al ser un alcalde invidente. Mucho de los que hablar en los próximos años en los que Castilla-La Mancha ha optado por el emilianismo.