A SALTO DE MATA

José Luis Muñoz


Buen tiempo para disfrutar de la Serranía

Que los seres humanos formamos un colectivo dispar, variable y contradictorio no es un ningún descubrimiento. Filósofos de profunda capacidad de pensar y sociólogos expertos en analizar la conducta humana ya lo han explicado en múltiples ocasiones, de manera que sería un atrevimiento (mejor: una tontería) que yo intentara competir con ellos en un artículo como éste. Fijémonos solo en las fechas que vivimos y encontraremos variados motivos para admirar nuestra capacidad de adaptación a las circunstancias con reacciones bien diferenciadas. Por un lado, el tópico en forma de mensajes publicitarios repite una y otra vez que estas son fechas propicias para la reunión familiar, porque (¿se acuerdan del anuncio?) todo el mundo vuelve a casa por Navidad, pero al mismo tiempo son multitudes las que salen disparadas en busca de los más insólitos lugares del mundo a los que ir de vacaciones precisamente para disfrutar de esos días lejos de la familia y de la rutina diaria. Como siempre, cara y cruz.
Lo experimentará también la Serranía de Cuenca, que sigue siendo el principal recurso turístico de nuestra provincia aunque algunos pensamos que todavía no se ha desarrollado toda su potencialidad a pesar de los notables esfuerzos que se han hecho, pero el mundo avanza a velocidades de vértigo, las que marca la comunicación vía informática, y por aquí caminamos todavía a un ritmo más pausado. Matices aparte, los espacios vinculados a la Serranía, en sus diversos y diferentes sectores, conservan un atractivo singular, enriquecidos más aún a medida que se implantan nuevos criterios vinculados a la utilización de la naturaleza en todos sus aspectos. A pesar del evidente fracaso registrado en la reciente cumbre mundial sobre el clima, existe, creo yo, una conciencia muy extendida sobre los problemas que amenazan al planeta en un futuro no muy lejano y, por el contrario, la necesidad imprescindible de hacer todo lo posible por conservar sus elementos básicos, librándolos de todos los riesgos, especialmente la contaminación, que lo amenazan.
En ese sentido, pasear por cualquiera de los parajes serranos es una auténtica liberación de los castigos que el propio ser humano se ha impuesto obligándose a vivir en ambientes tan inhóspitos como están llegando a ser las ciudades, dificultad mayor cuanto más grandes son las dimensiones de la urbe. Eso explica la natural tendencia a huir del asfalto y buscar refugio, siquiera temporal, en los espacios naturales. Ahí el papel de una provincia de las características de Cuenca es fundamental. La posibilidad de poner a disposición de la gente, y además de forma gratuita, cientos de kilómetros cuadrados entregados libremente a la naturaleza, con un despliegue formidable de formaciones rocosas, ríos, vegetación, lagunas y también, no lo olvidemos, de un atractivo repertorio de pequeños pueblos, encantadores, donde aún se conservan en una buena medida las características urbanísticas heredadas de la tradición, es una oferta generosa que necesita apoyo, difusión y conocimiento.
El invierno, aunque a algunos pueda parecer un tiempo duro, es también un momento muy propicio para viajar a los infinitos rincones que ofrece la Serranía de Cuenca y poder descubrir muchos de esos lugares perdidos entre montañas o suavemente acomodados en las riberas de los ríos. El tiempo vacaciones que ahora se nos viene encima invita al disfrute de la reunión familiar pero también, desde luego, de ese otro placer que es viajar y encontrar sugerentes lugares. Aunque lo parezca, no son cosas contradictorias: se pueden hacer ambas, con la adecuada organización.