Los precios, la fauna y la PAC amenazan al girasol

J. López
-

Los agricultores optan por otros cultivos, caso de las legumbres o los proteicos, por su mayor rentabilidad

Los precios, la fauna y la PAC amenazan al girasol - Foto: Reyes Martí­nez

Dada la gran cantidad de lluvia caída durante la primavera y las temperaturas suaves que se han producido, se antoja que la campaña de girasol podría ser una de las mejores de los últimos años. Los agricultores han tenido el tiempo propicio para sembrar y asegurarse la nascencia de uno de los cultivos más importantes de la provincia. Tanto es así que a estas alturas de mes ya se puede decir que la siembra está completada prácticamente al cien por cien. No obstante, y a pesar de la repercusión que tiene el girasol en los campos conquenses, el cultivo vive uno de sus peores momentos hasta el punto de estar en entredicho su futuro. El número de hectáreas de girasol ha ido descendiendo a un ritmo vertiginoso en los últimos años y lo peor es que no se atisban visos de recuperación.  
«En los últimos cinco años ha bajado paulatinamente la superficie de girasol», afirma el responsable de Oleaginosas de Asaja Cuenca, Gerardo González, que justifica el descenso por «los precios, los daños de la fauna y el tratamiento de la PAC, que lo deja en mal lugar». 
«En Cuenca llegó a tener 180.000 hectáreas», afirma el responsable del girasol de la asociación agraria, que calcula que en la actualidad no sobrepasa las 100.000 hectáreas. 
De entrada, el cese de las ayudas ambientales de la PAC para el girasol, o las condiciones que se han de cumplir, ha propiciado que muchos agricultores opten por otras alternativas –legumbres o cultivos proteicos– que sí llevan asociadas subvenciones más flexibles. «Esta ayuda es más interesante que la que tiene el girasol», manifiesta el agricultor. 
Asimismo, uno de los problemas derivados que ha crecido en los últimos tiempos son los cuantiosos daños provocados por las especies cinegéticas. Corzos, ciervos o jabalíes han causado verdaderos destrozos en muchas explotaciones de la provincia y las indemnizaciones derivadas de los seguros no llegan a compensar al agricultor. 
«En varias explotaciones que llevo, los animales no dejaron una planta viva», cuenta el productor, que asegura que en las últimas semanas se ha notado la presencia de un mayor número de animales. «Se han metido hasta en los pueblos. Han avanzado porque hemos estado confinados en casa, sin salir, sin que hubiera presencia de coches ni vehículos y se han hecho con los terrenos». 

Los precios. Otro de los principales motivos para pensarse mucho si seguir o abandonar este cultivo son los precios de mercado del girasol. Ahora, según indica González, las tarifas internacionales establecen cerca de los 330 euros para la tonelada, «que en el campo queda en unos 300 euros». 
Algo parecido pasa con el girasol alto oleico, destinado a la producción de aceite de girasol y al consumo humano. A diferencia del linoleico, el oleico tiene un precio de 400 euros por tonelada de pipa, pero asume también el parón por el estado de alarma de los establecimientos hosteleros. Eso también se va a traducir en una bajada de precio que repercutirá en el productor.
González considera que «no se entiende una rotación en una agricultura de secano sin girasol. Nos estamos gastando mucho dinero en herbicidas con malas hierbas que están apareciendo en otros cultivos y con el girasol se labra, se hace un mínimo laboreo, siembras y no hay tantos gastos». 
La buena noticia es que «esperamos tener una mejor cosecha que en los últimos años.  La lluvias que nos cayeron por San Isidro nos han venido muy bien. A lo que ya estaba sembrado ha hecho que nazca y a lo que se siembra más tarde le permitirá crecer», dice.