CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Nadie de perfil

10/04/2020

Es extraordinario, sin duda, porque en estos tiempos dramáticos, expectantes, de incertidumbre y angustia, nadie, pero nadie, se está poniendo de perfil. Todos de frente, aportando cada uno su esfuerzo, su granito de arena ante esta pandemia.
Los primeros, tal vez porque dan su vida por salvar la nuestra, esa gente que forma parte del colectivo sanitario (médicos, enfermeras, celadores, auxiliares, conductores de ambulancias, farmaceúticos, administrativos de planta, de cocina, de electromedicina, de rayos, de mantenimiento, de limpieza, de análisis, veterinarios, dentistas, trabajadores de centros de salud, etc.); a las fuerzas de seguridad, policía, guardia civil, policías municipales, agentes movilidad, vigilantes jurados, ertzainas, mossos, etc.; a las fuerzas del Ejército, de la Guardia Real, de la UME especialmente por su vigilancia, ejercicio, seguridad, condición; a los servicios municipales que siguen en la brecha, limpieza, bomberos, oficiales, carteros, cementerios, agentes sociales, jardines y parques, electricistas; a los dependientes de supermercados, tiendas de alimentación, tiendas de estancos, kioskos, tenderos de utensilios indispensables, camioneros, transportistas, reparto, carnicerías, fruterías, pescaderías, panaderías, etc.; a quienes están trabajando para que lo esencial pueda salir adelante y a todos los que de una u otra manera, no citados aquí, siguen estando de frente y nunca de perfil.
Por eso, es especialmente importante las muestras de apoyo, con música, aplausos diarios, recorridos con sirenas, aportaciones en vídeos, poesías, canciones, bailes, reportajes, artículos y ofrecimientos de ayuda.
Pero hay algo que quiero destacar en dos puntos a reflexionar: Por un lado, todos aquellos -hombres y mujeres de la calle y de la casa -mayores y jóvenes- que se han puesto a coser, confeccionar, preparar mascarillas, batas, delantales, pantallas, gorros, aparatos de respiración asistida, mascarillas, gafas, etc., materiales necesarios, vitales, imprescindibles, fundamentales y que, con su esfuerzo altruista, lo están haciendo posible, no tanto esas fábricas que también están adecuado sus mecanismos para ello y que en muchos casos lo van a hacer gratis. A este colectivo de solidarios hombres y mujeres que no están siendo visibles, que están en la trastienda, en su casa o en almacenes, gracias, gracias y gracias, por ser así, por demostrarlo y por hacer crecer los valores del ser humano en estos difíciles momentos que estamos atravesando.
Y el segundo punto a reflexionar, el que un colectivo -no sé si numeroso o escaso- de gentes que liberadas sindicalmente en la sanidad, no han optado por atender la llamada para colaborar en primera línea ante la enfermedad, considerando que su papel es otro -no voy a discutir algo que desconozco- pero que han salido a la palestra como un aspecto de crítica poco constructiva, y digo yo que «sus razones tendrán», pero cierto es que ante la sociedad, esta actitud ha chirriado un poco en momentos de tanta solidaridad ofrecida y demostrada.
Y por último, que siempre nos pongamos de frente y nunca de perfil, a partir de ahora, cuando todo esto pase, y que volvamos a la normalidad, porque tal como ese texto que dice del colectivo de Sanidad: «...cuando todo pase, por favor, acuérdate de que los profesionales de la medicina seguiremos en el hospital, en los centros de salud, en las visitas a domicilio, en las ambulancias,  acuérdate también de nosotros, de que en la mitad de la pandemia no pedimos dinero, ni descansos, solamente medios para cuidarte, acuérdate que muchos se dejaron la vida por salvar la tuya, la nuestra, de que la Sanidad pública es sagrada y habrá que defenderla como ahora; por eso, acuérdate de que cuando todo pase, seremos los mismos los que volveremos a estar cuando te haga falta, en tu salud y en tu bienestar. Acuérdate siempre».



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Cuando todo esto pase sé que volveremos a reír juntos, a salir a los bares. Ahora os echamos de menos, y sé que vosotros también