CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Aplauso final

15/05/2020

A través de las redes sociales se convocó a participar en un aplauso final para los sanitarios. Buena idea, la salida escalonada del desconfinamiento había provocado que ese aplauso fuera perdiendo fuerza porque la gente se lanzó desesperadamente a la calle tras casi dos meses de encierro, y los sanitarios no merecían el abandono gradual aunque solo fuera físico, porque los sentimientos de agradecimiento y admiración permanecen.

Han sido los héroes más héroes de la pandemia, que no está falta de héroes. Encabezan la lista de los que más han dado. Han muerto más médicos, enfermeros, auxiliares y celadores que en el resto de los sectores; han enfermado más médicos, enfermeras, auxiliares y celadores que en el resto de los sectores, por mucho que haya habido otros –militares, bomberos y fuerzas de seguridad- hayan dado todo, incluso la vida, por ayudar a que esta tragedia no tuviera unas consecuencias aún más dramáticas de las que ha habido. Sin ellos, sin su trabajo, su dedicación, su apoyo constante, todo habría sido peor.

Con el paso de los días se ha hecho más visible su trabajo. En lo profesional, donde han demostrado su altura a pesar de la carencia del material necesario, como el humano. Se han protegido como han podido ante la falta de elementos indispensables, no han contado las horas haciendo turnos inacabables; han renunciado al calor familiar para dar calor a los moribundos, a los que han atendido en sus últimos momentos ante la ausencia de los familiares y amigos que no podían acompañarles. Han repartido palabras de aliento, apretado manos y dado besos a los que morían faltos del aliento, las manos y los besos de los suyos.

Algunos de los profesionales de mejor trayectoria han muerto porque han dado prioridad a atender a los enfermos antes que a tomar medidas de precaución que les impediría una cercanía que consideraban obligada. Se han aislado de la familia más próxima para no contagiarla a pesar de que en esos momentos de tensión tanto se necesita el consuelo y la presencia de esa familia, y han suplido con imaginación la carencia de medios. Mientras los gobernantes actuaban tarde y mal, lo que provocó deficiencias importantes, los sanitarios se las arreglaron como pudieron para llegar a donde era imposible llegar.

El aplauso que han recibido estas semanas ha sido masivo, pero sobre todo sincero. Para muchos españoles esos minutos a las ocho de la tarde se convirtieron en el único momento del día en el que se sentían vivos, y asumiendo que estaban vivos porque un montón de gente estaba ahí para salvarlos de la pandemia. Desde balcones y ventanas, vecinos de todas las clases sociales, edades e ideologías, se han concentrado en torno a un mensaje común: gracias.

Esos minutos no podían decaer en aplausos. Lo mejor era ponerles punto final con un aplauso último masivo, entusiasta, encendido, largo y fuerte. Un aplauso de los que no se olvidan.