MIS RAZONES

Pilar Gómez


El telepredicador pertinaz

11/05/2020

Desciende, como el precio del petróleo, inexorable, la audiencia de los mensajes televisivos del presidente del Gobierno. Cada vez se le escucha menos. Doce apariciones televisivas ha dedicado el presidente del Gobierno a dirigirse a los españoles para transmitir  pocas novedades y mucha morralla propagandística.
La técnica es sencilla. Enclaustrados en sus domicilios, sin apenas alternativa alguna para el contraste, con una oposición silenciada y un Parlamento bajo mínimos, Sánchez se convierte en un telepredicador que se empeña en transmitir frases de ánimo, la mayoría  melifluas y falsarias, para convencer a su auditorio de su entrega, su sacrificio, del bien que nos hace y de lo magnífico de su actuación.
Subrayan las encuestas que la opinión pública se muestra sumamente crítica con la gestión del Ejecutivo en todas las fases de la pandemia. Somos el país que proporcionalmente exhibe unas cifras de espanto,  con más muertos, con más contagios, con más sanitarios golpeados, con peores perspectivas económicas... No hay quien lo arregle, no hay quien pueda disimular el gran desastre. Desde el sanitario al político, pasando por el económico hasta llegar a la  etapa actual de la ‘desescalada’, demasiado improvisada y tremendamente chapucera, bien puede decir que este Gobierno de coalición apenas ha acertado en algo. De ahí el empeño de Moncloa y Ferraz en traspasarle al Ejecutivo de Madrid, que conduce Isabel Díaz Ayuso, los aspectos más negativos de estas semanas de dolor.
Tanta aparición televisiva de Sánchez resulta contraproducente. Ningún líder europeo ocupa semejante volumen de horas televisivas como el presidente del Ejecutivo español. Sus apariciones se han tornado recurrentes, ineficaces, cansinas. Sus ruedas prensa, un ejercicio de escapismo. No ha sido capaz de dar los nombres del famoso ‘comité de expertos’ que dirige el fin del confinamiento (pese a lo que dicta la ley), y ha sido pillado en vergüenza en un buen puñado de falsedades.
Moncloa, sin embargo, considera que estas intervenciones son necesarias. Quizás lo sean, pero al menos, Sánchez debería seguir los pasos de Ángela Merkel, ejemplar en su gestión de la crisis: Reducir sus apariciones a tan sólo diez minutos y olvidarse de tanta palabrería hueca.



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