La primogenitura y las tajadas

Antonio Pérez-Henares
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La primogenitura y las tajadas - Foto: PP

Los partidos políticos ocultan sus estrategias y pactos para los comicios del 26 de mayo, en los que Casado se juega la cabeza

El domingo 26 de mayo, la derecha se juega en las urnas, que son tres en muchos sitios, municipales, autonómicas y europeas, la primogenitura y Pablo Casado la cabeza. Albert Rivera quiere colgarla en la chimenea y Abascal hará todo lo que pueda para desjarretarle la pieza y ponérsela a tiro. Pero puede que, aprovechando la disputa, sean el PSOE y sus socios podemitas quienes se coman las tajadas y a los enconados contendientes solo les quede un plato vacío. O casi. Hay más, está por ver, incluso, si para arrebañarlo del todo los naranjas, a la hora de negociar, se inclinan hacia el rojo y los pactos, hoy ocultos y guardados bajo siete llaves, pongamos que hablo de las Castillas y León o con La Mancha, de Extremadura, de Aragón, de unas cuantas diputaciones, dejan al azul en el limbo de los cielos y sin tierra alguna que mandar ni almena en la que aguantarse. 
De lo dicho puede pasar bastante o hasta todo y puede suceder también lo contrario. De lo que va a votarse saben las gentes y de los pactos los capitostes y sus augures. Y si los primeros son reacios a decirlo, los segundos es que han hecho de la ocultación de sus intenciones y trueques el secreto más decisivo pues de saberse podría escaparse la cosecha antes de que la tengan en el saco. Cuando ya esté en la talega podrán hacer lo que les venga en gana.
Porque aquí se clama mucho, algunos, los coyunturalmente perjudicados, contra las leyes electorales, pero hay una reforma de la que los partidos no quieren oír hablar y es la más lógica, democrática y sencilla de poner en práctica. Que no es lo de la lista más votada (ahora seguro que los que anteayer la proponían ni quieren que se les miente) sino la que aplica toda Europa y que tiene todo el sentido, sería lo correcto y evitaría todos los cabildeos, enjuagues y encames. Una segunda vuelta entre los dos más votados, si uno no ha alcanzado, claro, la mayoría absoluta, y que fuéramos los votantes, y no los sanedrines partidistas y los intereses en ocasiones más oscuros, quienes eligiéramos directamente a nuestros alcaldes. 
Así se hace en la inmensa mayoría de los países con más experiencia democrática, así podía haberse hecho aquí y así no han querido hacerlo los partidos nunca. La razón es muy simple. Sus cúpulas perderían el poder de control y eso los «profesionales» de la política, o sea, los que solo tienen eso como oficio y beneficio y de ello viven, no van jamás a consentirlo y me da igual por que lado del arco empezar si por el extremo podemita o el extremo vocero pasando por los naranjas, los azules, los rojos y, por supuesto, los amarillos. Es algo tan de sentido común, tan en consonancia con la voluntad popular, tan sensato y regenerador de la democracia que estoy más que seguro que jamás lo verán mis ojos.
Lo que sí han visto es el último favor, aunque se piense lo contrario, que los separatistas catalanes le han hecho a los socialistas vetando a Miquel Iceta para presidir el Senado. Puede que Sánchez esté muy enfadado con ellos, pero los barones territoriales les habrían puesto un piso a los que votaron en contra. La propuesta de Sánchez era tóxica para ellos porque Iceta es lo más parecido al compañero de viaje, antes y en marxismo, llamado tonto útil, del separatismo que encontrarse pudieran los del lazo amarillo. Y eso, las gentes del resto de España, los socialistas votantes también, lo sabían y a muchos no les gustaba un pelo.
La obcecación independentista les ha venido, en el fondo, al pelo. Ahora tienen la coartada perfecta. «Somos dialogantes y ellos no quieren». ¡No quieren ni al genuflexo Iceta! Y se hacen mil cruces. ¡Cómo si no lo supieran! Descubrir ahora que los separatistas tienen como único objetivo y solo ese y nada más que ese, traicionando, violando y destruyendo lo que sea, la secesión, la voladura de la Constitución y el desguace de España resulta tan obsceno como proclamar el descubrimiento del Mediterráneo. Pero sirve, cuela y dará votos. Le pone al PSOE aún más de cara las elecciones.