El impuesto al sol pasa a la historia

Carlos Cuesta (SPC)
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El impuesto al sol pasa a la historia

España da luz verde a una antigua reivindicación social que permite la utilización de fuentes limpias que facilitan un modelo productivo más barato y competitivo, tanto para las empresas como para los usuarios

Si hay una asignatura pendiente en la que ningún Gobierno de España de las últimas décadas se ha atrevido a coger el toro por los cuernos esa es la de la política energética. Han sido muchos los ministros de Industria que han tenido la responsabilidad pero, salvo parches puntuales, ninguno ha sido capaz de ejecutar un plan con seriedad y miras de futuro.
Hasta la fecha, todo lo que se ha cambiado en materia energética ha ido en un contexto de postureo político que tenía por objetivo que los electores pensaran que existía una sensibilidad desde el Gobierno para reducir la factura eléctrica.
El gabinete de Pedro Sánchez ha planteado dos iniciativas en esta materia que le superan con creces por los plazos planteados. Una es la de vetar las ventas de vehículos de gasolina, diésel e híbridos a partir de 2040 dejando a los fabricantes de automóviles perplejos en un escenario de inestabilidad que precisa de fuertes inversiones para crecer y, otro, el avance de cerrar las nucleares antes de 2030 o la clausura de la mayoría de las centrales térmicas -un total de 14- antes de 2020. 
En este sentido, la única medida que será efectiva, y que para el sector es histórica, es la que llevó al Congreso la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que fue aprobada el pasado 5 de octubre, derogando el impuesto al sol. Una antigua reivindicación social que está encaminada a cumplir con la Directiva de Energías Renovables Europea que establece que para 2030, el 32% de la energía que se consuma debe ser limpia, facilitando un entorno más barato y competitivo tanto para los usuarios como para las empresas.