Alejandro Ruiz

EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


De Meryl y Costanza

26/10/2023

Soy consciente de que la opinión que voy a exponer sobre la actriz norteamericana Meryl Streep puede resultar anatema y objeto de maldición, reprobación, execración, censura e imprecación para los ortodoxos del pensamiento y de los principios fundamentales de la doctrina oficial dominante, pero me da igual. Así que ya pueden ir poniéndome el capirote, si quieren.
Sinceramente, mi opinión sobre el discurso de Meryl Streep en la ceremonia de entrega de los galardones celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo es que fue magnífico y perfectamente desarrollado y expuesto. Evidentemente, nadie podría poner pegas al contenido humano y humanista de sus palabras sobre la empatía: «La misteriosa capacidad de sentarnos entre extraños y poder experimentar lo que sienten otros. La empatía es acercamiento y diplomacia en un mundo hostil. Ojalá podamos hacer la otra regla de los actores: lo importante es escuchar».
Lo que quiero decir es que en mi opinión la inteligencia, y sobre todo la influencia política e ideológica de esta mujer, está por encima de su condición de actriz. Como actriz, por ese motivo, creo que está sobrevalorada, y creo que ha sido más merecedora del Princesa de Asturias por woke, que por actriz. Meryl Streep es la reina de la sobreactuación y habitualmente se pasa de revoluciones, de manera que más que interpretar a sus personajes se interpreta a ella misma. Esto último le pasa también a Robin Williams, Jack Nicholson, Robert de Niro o Al Pacino. 
¡Blasfemia, blasfemia, blasfemia…! 
Meryl y muchos como ella de su gremio son un claro exponente de esa plaga ideológica que supone el pensamiento mundialmente institucionalizado de la corrección política; defensores de salón de la justicia social sobre la base de cuestionar los principios fundamentales de la cultura occidental, una élite de hipócritas millonarios que han destruido los valores fundamentales del racionalismo y lo han sustituido por la sensibilidad, los sentimientos y la identidad.
¡Herejía, herejía, herejía…!
Dicho lo cual, debo mención obligatoria a Costanza Rizzacasa en «La cultura de la cancelación en Estados Unidos». Todo comenzó en las universidades privadas, pobladas por estudiantes de familias ricas, dice, que empezaron a denunciar microagresiones que la autora refiere como faltas de tacto y ofensas verbales a minorías, incluidas las mujeres, en lo que denomina «nueva cultura mundial del victimismo». Dice Rizzacasa que de este modo la victima de la agresión adquiere un estatus moral que la eleva social y laboralmente. ¿Les suena?
Es el movimiento woke, que además de ser ya un negocio mundial consolidado, es un instrumento puritano de poder político de adoctrinamiento, que pretende amedrentar a quien disienta de la corrección política buscando la manipulación y el infantilismo de la sociedad, polarizándola y anulando la mínima capacidad crítica y el criterio racional de los individuos.
¡Anatema, anatema, anatema…!