Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Bueno, pues ahí están las elecciones (incluyendo Rusia y EE.UU, claro)

19/03/2024

Bueno, pues ya hemos entrado en precampaña, o sea, en campaña, en el País Vasco, en Cataluña, en toda España. El año 2024 se hará famoso por la cantidad e intensidad de las campañas electorales en muchos países del mundo, comenzando, glub, por Rusia y, en noviembre, los Estados Unidos. Nosotros no hemos querido estar ajenos al libro Guinness de los récords electorales y nos hemos plantado con tres elecciones de enorme significado en menos de dos meses; a ver quién supera eso. Lo más curioso es que aún nos faltan datos sustanciales, por ejemplo los nombres de algunos candidatos, para afrontar cabalmente está loca 'primavera electoral' que se nos ha echado encima.
Ya estamos con la usual proliferación de encuestas, para lo que valgan. En Euskadi, dicen, se podría formar un gobierno con un PNV algo a la baja frente a Bildu y un Partido Socialista tampoco en auge, pero que básicamente se mantiene. Los sondeos de Cataluña permiten albergar más dudas, a la espera del anuncio de Puigdemont acerca de si se presentará o no como candidato a la presidencia de la Generalitat: el socialista Illa parece vencedor, pero ¿con quién gobernaría, en el caso de que pudiera hacerlo y no sucumbiese a una improbable, pero no imposible, alianza de los independentistas? Pues eso.
Y ya están en puertas las elecciones europeas de junio, en las que los vaticinios a día de hoy aseguran que habrá un notable ascenso del Partido Popular, un descenso del PSOE y un desastre para Sumar, que este domingo se constituye, cobrando la entrada por asistir, en partido. Lo de Vox también parece ir a la baja, aunque lo cierto es que en Europa se está dando un auge de populismos, algo que no deja de preocupar a socialdemócratas y liberales, que tratan de no ser fórmulas 'gastadas' en el Viejo Continente.
Y ¿eso es todo? ¿fin de los procesos electorales en España desde el próximo mes de junio hasta, como asevera el 'futurólogo' Iván Redondo, las elecciones autonómicas en Castilla y León, allá por febrero de 2026? El que fuera analista de cabecera en La Moncloa trata de ver las cosas con optimismo: como, según parece pensar él, desde lo de Castilla y León no habrá otra marcha a las urnas hasta las generales de la primavera-verano de 2027, eso permitirá un período casi inédito de reposo y fin de las batallas que inevitablemente generan las campañas electorales. O sea, tenemos un invierno de 2024, todo un 2025, casi todo 2026 y la primera mitad de 2027 para restañar heridas y olvidarnos de broncas en el Parlamento. Muchos meses sin urnas para poder pensar en los problemas de los ciudadanos y de un mundo que, ay, podría estar controlado por gentes como Putin o como Trump. O sea, muchos meses para pensar en algo más allá de nuestros ombligos y ocuparnos de lo-que-verdaderamente-importa.
Lamentándolo, me atrevo a discrepar humildemente de tan rosáceos pronósticos. Ni las elecciones vascas y catalanas servirán para pacificar el conflicto territorial ya secular en España, ni la Legislatura comenzada hace cuatro meses tiene aspecto de ir a durar, con la que está cayendo y lo que va a caer, nada menos que hasta 2027. El pacto con los 'socios' independentistas es especialmente frágil y dependerá de la sucesión de acontecimientos en Cataluña, que por desgracia es siempre la clave de casi todo lo que pasa en la política española. Fíjese usted en que la 'precampaña' catalana comienza con la incógnita de si el fugado de Waterloo se presentará o no a las elecciones, y, si lo hace, desde dónde hará su campaña, porque no está nada claro que la amnistía le llegue a tiempo. Por otro lado, tampoco está nada claro que la batalla política de la amnistía haya acabado con la aprobación en el Congreso; así que, si eso es normalidad, venga Dios y lo vea.
Personalmente, pienso que hay más probabilidades de una convocatoria electoral en 2025 que de llegar hasta 2027 con una legislatura que ha empezado tan caóticamente. Porque, independientemente de quién ganase esos comicios legislativos y, por tanto, independientemente de quién fuese el próximo ocupante de La Moncloa, creo que el país necesita barajar y repartir de nuevo las cartas para empezar a acabar con la enorme crisis institucional que nos ahoga y que está afectando a la calidad de nuestra democracia y a los equilibrios del Estado. Mucho más necesitamos eso, llamado regeneración, que la 'pax romana' del 'más de lo mismo' que quisieran Iván Redondo y, por supuesto, también Pedro Sánchez, durante los próximos tres años y medio.