Inmensidad y vacío

Redacción
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José María Albareda, cartelista de la Semana de Pasión, dedicó a su madre un cartel sencillo y efectivo, que "sugiere más que muestra" y que recoge en un gesto la esencia de la Semana Santa.

La inmensidad y el vacío, representado en las manos suplicantes de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, es la imagen que anuncia la Semana Santa de Cuenca de 2024. Su autor, el artista conquense José María Albareda, la descubría ayudado por el presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, al filo de las 20:45 horas de este viernes, en el acto con el que arranca oficialmente ese tiempo que en Cuenca conocemos como precuaresma y que es el inicio propio de la Semana Santa.

El acto comenzó en esta ocasión con música en directo, ofrecida por la formación musical Rural Band. Dirigido por Pablo Martínez Valiente, el grupo interpretó las marchas 'Señor del Miércoles Santo', de Pablo Martínez; 'Sangre Real', de Sergio Bascuñana; y la mítica 'Jerusalén', de José Vélez, en una actuación en la que la música estuvo acompañada por tres montajes en vídeo, obra de José Luis Muñoz.

En su discurso de apertura del acto, el presidente de la Junta de Cofradías apeló a la unidad de la comunidad nazarena sirviéndose del cartel como hilo conductor: "Es esa imagen que nos representa, que nos define, que plasma lo que es nuestra Semana Santa, lo interpreta y se lo muestra al mundo con un objetivo: que vengan, nos conozcan, compartan procesión con nosotros y, si conseguimos hacer que sientan lo que nosotros sentimos, que se hagan también nazarenos".

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"El cartel es cada año diferente" expresó Sánchez Albendea. "Cada autor deja su sello y sin embargo, hay una cosa en la que todos los carteles coinciden: en que nos unen. Más allá del estilo y la técnica o de la opinión de cada uno, el Cartel es esa imagen que nos une a todos. Aquella que cada año enseñamos a los demás con más orgullo. La que enviamos a nuestros amigos de otras ciudades para decirles: éste es nuestro cartel". El presidente recordó que "como nazarenos, tenemos la responsabilidad de trabajar unidos, como estamos hoy aquí, porque nuestra Semana Santa debe seguir siendo ese gran tesoro que tiene Cuenca y que está por encima de todo y de todos: con sus señas de identidad, con el silencio y la sobriedad que le son propios, con la fraternidad que siempre nos ha caracterizado".

A continuación, cedió el turno de palabra al tesorero de la institución, Rodrigo Merchante, quien presentó a José María Albareda enfatizando su trayectoria artística, sus influencias y el marcado estilo personal de su arte. Fue al término de las palabras de Merchante cuando Albareda, acompañado por el presidente de la institución, levantó el repostero de la Junta de Cofradías que guardaba con celo la imagen más esperada del año por los nazarenos de Cuenca para que todas las miradas se posaran en su cartel. El Auditorio rompió en un largo y sentido aplauso.

La inmensidad y el vacío. "He titulado este cartel 'La inmensidad y el vacío'. Y he elegido este título, que se basa en un fragmento de un poema de José Ángel Valente, porque refleja la esencia de lo que he querido expresar". Con un discurso sencillo y conciso, visiblemente emocionado y desde el corazón, desde la esencia misma de su obra, José María Albareda detalló el significado de su obra, protagonizada por las hermosísimas manos que Federico Coullaut-Valera talló en la madera de la que gubió a Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín. "Existía un término en el arte del Renacimiento italiano que me interesa destacar: Sprezzatura. Lo definió Baldasare Castiglione para expresar aquellas cualidades de la pintura vinculadas al misterio y a la importancia que sobre la obra ejerce representar algo que pueda acercarse a lo invisible. Vasari evocó esto mismo al hablar de la grazia", explicó Albareda.

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El cartelista reconoció que diseñar el cartel de la Semana Santa "ha supuesto una experiencia estimulante y también un reto difícil de llevar a cabo". Es por eso que, tras trabajar durante varios meses en el modelo "me di cuenta de que en esencia era un cuadro. Una composición con un marcado carácter narrativo. Me había limitado a copiar la apariencia de unas imágenes, pero no había penetrado en la esencia secreta de las emociones que representan. Había plasmado su aspecto externo, pero no revelaba ninguna verdad. El cartel debe ser otra cosa".

El cartel, expresó Albareda casi como si reflexionara en voz alta, "al igual que cualquier obra de arte, debe sugerir más que mostrar. Debe primar el efecto de la primera impresión y ser a la vez sencillo y efectivo. Con los menos elementos, se debe revelar lo más". Entonces, se planteó "que debía hacer una obra que resultase sugerente, que resaltara el tiempo y donde el silencio adquiriera una especie de presencia. Transformar lo íntimo en algo monumental, de manera modesta. Con elocuencia, pero con apariencia sencilla. Y, sobre todo, que reflejara los instantes más decisivos de unos momentos trágicos. Una búsqueda de lo Absoluto en el vacío que lo envuelve todo".

Y así, en esa búsqueda y casi por casualidad, el cartelista llegó a las manos de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín mientras tomaba unas fotografías de la talla complementarias para su obra. Unas manos "que encierran todo un profundo pesar y a la vez imploran. Inspiran a la vez gravedad y sosiego. Las manos generan espacios y, al cerrarse, crean un centro de culto. Al ver tan cerca las manos de la imagen, comprendí inmediatamente que ahí estaba el motivo para el Cartel", confesó. Curiosamente y para reforzar su elección, el cartelista recordó haber leído "que las manos conectan directamente con el corazón".

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Si las manos son el elemento protagonista y central, la luz y su contraste con la oscuridad logran "que la materia que compone la pintura de las manos genere una luminiscencia que trascienda". La composición se completa "con una clara distribución central para intensificar los elementos protagonistas, el punto de máxima tensión". Para José María Albareda, el objetivo del artista "es dar siempre un punto de vista inédito. Y el cartel debe tener misterio, ya que el misterio genera energía. Y como dijo Zóbel: el propósito del arte es el descubrimiento y la evocación de una visión".

El Auditorio otorgó un segundo y largo aplauso al Cartelista –quien dedicó su cartel a su madre, recientemente fallecida– sin poder apartar en ningún momento la vista de su magnética obra.

Palabra de pregonero. El acto de presentación del cartel supone también la puesta de largo oficial del pregonero, este año el investigador y escritor conquense Julián Recuenco. Presentado por la secretaria de la JdC, Sara Robles, quien ofreció a los presentes una breve semblanza de su muy prolífica carrera, Recuenco no quiso –pese a que el auditorio lo esperaba– desvelar nada de su pregón, pues consideró que no eran ni el momento ni el lugar, por ser la noche del cartel.

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"Espero y deseo que, cuando llegue el día, yo pueda estar a la altura de vuestras ilusiones, pueda estar a la altura de nuestra Semana Santa y de tantos y tantos pregoneros como me han precedido, desde aquellos tiempos, ya lejanos, en los que el más genial poeta conquense de nuestro siglo XX, Federico Muelas, fuera el encargado de lanzar a las ondas de la radio el anuncio de que han llegado los días de la Pasión; precisamente este año, cuando se cumple el cincuentenario del fallecimiento del escritor que tanto publicitó Cuenca entre sus amigos intelectuales", aseveró Recuenco.

El pregonero confesó sentir especial ilusión por suceder en el cargo a su buen amigo Carlos Julián Martínez, para quien tuvo palabras de afecto. También las tuvo para el cartelista, a quien le une una sólida amistad. Del cartel aseguró que "es, desde luego, un gran cartel, digno de suceder en el plano secuencial a los excelentes carteles que en los últimos años han realizado tanto Enrique Martínez Gil como José Antonio Perona".

'Miradas' para la Semana Santa. "Yo puedo decir que en Cuenca he tenido una experiencia única… Una experiencia difícil de explicar, solo vivida se puede entender… Yo puedo decir que en Cuenca he visto una mirada única…". Con estas frases sobre un plano de la ciudad desde la Torre de Mangana arranca 'Miradas', el spot de la Semana Santa, una pieza que pone el énfasis en la mirada única de los nazarenos conquenses, esa mirada que convierte en única su Semana de Pasión.

Dirigido por Sergio Valverde y producido por el equipo de Cuenca News, el spot recoge todas las realidades de la Semana Santa conquense, desde quienes llevan décadas viviéndola en la calle hasta quienes la documentan con sus cámaras fotográficas y de vídeo por el mero placer de poder verla siempre; desde las primeras miradas de los niños a las de los más mayores que no saben si la de este año será la última; desde la de quien ve pasar la procesión por debajo de su balcón hasta quien la mira con nostalgia y desde la distancia gracias a la magia de las redes sociales.

En cuatro minutos, el vídeo promocional de la Semana Santa interpela directamente al sentimiento del nazareno y a la curiosidad del visitante, con un claro mensaje: que todo aquel que venga a vivir la Pasión en Cuenca encuentre su propia mirada.

Homenaje a José Javier Muñoz. Uno de los momentos más emotivos y especiales de la noche fue, sin duda, el homenaje póstumo a José Javier Muñoz, exdelegado episcopal de la Junta de Cofradías, fallecido hace unos meses. El presidente de la institución, visiblemente emocionado, recordó que "José Javier, el 'pater', amaba profundamente la Junta de Cofradías, vivía volcado en evangelizar desde ella y, al mismo tiempo, era un trabajador incansable, implicado y siempre buscando ayudar; podías abrir la puerta de la institución y encontrártelo colgando cuadros, barriendo... Así era el 'pater': Un todoterreno, una persona que dejó huella". Hasta la capital se desplazaron sus hermanos, para recoger el reconocimiento y el cariño de toda la comunidad nazarena.

Y así, con un nuevo llamamiento a la unidad y con la emoción en lo más alto tras la proyección del spot, finalizó el primer gran acto de la Semana Santa de Cuenca 2024. "La Semana Santa y Cuenca es el perfecto binomio, porque una no se entiende sin la otra. Que esta Semana Santa seamos conquenses que se unen en la fe y en el trabajo perenne por su Semana Santa", concluyó Sánchez Albendea.