"La lealtad con 3 presidentes fue clave para dirigir el CNI"

Javier del Castillo
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Respira humanidad y cercanía. Se le ve feliz. Con el sosiego y la tranquilidad del deber cumplido. Sus altas responsabilidades en el Ejército y en el CNI le han permitido conocer secretos de Estado que se llevará a la tumba.

"La lealtad con 3 presidentes fue clave para dirigir el CNI" - Foto: Juan Lázaro

A sus 78, Félix Sanz Roldán disfruta recordando y presumiendo de la importancia que tuvo Uclés en momentos decisivos de la historia de España. Explica con detalle cómo era el pueblo en su infancia y adolescencia; esos escenarios a los que vuelve en cuanto se lo permiten otras obligaciones que le retienen en la capital de España. Por si pudiera quedar alguna duda, busca en el móvil fotos de su gran monasterio realizadas desde el mismo lugar, pero en diferentes horas del día, y nos las muestra, mientras va recreando las dos grandes batallas que allí tuvieron lugar y que ocupan lugar destacado en los libros de historia. 

«En Uclés – cuenta Félix, mirándome a los ojos, para subrayar la importancia de lo que va a decir – España se jugó su futuro en dos ocasiones y en las dos lo perdió. Esas dos ocasiones se produjeron el 30 de mayo de 1108, en la batalla contra los almorávides, y a finales de diciembre de 1808, luchando contra un ejército poderosísimo de Napoleón. En ambas ocasiones Uclés estuvo en el vértice de la historia». 

«El monasterio de Uclés es una pieza única. Por algo era la sede de la Orden de Santiago»

Félix Sanz Roldán de joven, junto a su padre Guardia Civil y su madre. Años después se repetiría la foto con Félix en traje militar.Félix Sanz Roldán de joven, junto a su padre Guardia Civil y su madre. Años después se repetiría la foto con Félix en traje militar. - Foto: Juan LázaroComo militar y como hijo de Uclés, analiza las circunstancias que influyeron en aquellas dos importantes contiendas. «Los almorávides organizan un ejército y avanzan desde el sur porque quieren devolver la España árabe a la ortodoxia. Llegan a Uclés y se enfrentan a las tropas de Alfonso VI, el mismo rey al que le hizo prestar juramento el Cid Campeador en Santa Gadea. La batalla es un desastre para el ejército cristiano. Y menos mal que no siguieron avanzando hasta Toledo, porque no hubieran encontrado obstáculos. Habría caído la capital. No sabemos lo que hubiera pasado luego, pero es muy probable que se hubiera retrasado el fin de la Reconquista».

En la otra gran batalla, contra las tropas francesas, entre finales de 1808 y principios de 1809, el ejército español fue destrozado por Napoleón. «Menos mal que luego salimos del atolladero gracias a las guerrillas y a las alianzas», comenta el general. 

Siguiendo el curso de la historia, Sanz Roldan abre un paréntesis y pone su mirada en la silueta recortada del Monasterio de Uclés. No cabe duda de que es un enamorado de su tierra. De que sigue arraigado en ella. «El monasterio – comenta – es una pieza única. Ten en cuenta que era la sede de la Orden de Santiago y que los caballeros de Santiago eran los más poderosos de España: el Duque de Alba, el Duque del Infantado, etc. Ser caballero de Santiago suponía tal honor que, cuando Magallanes regresa de dar la vuelta al mundo, le escribe al emperador Carlos V y no le pide títulos ni riquezas; le pide ser investido con el hábito de Santiago. Por cierto, Carlos V no se lo da. El monasterio – añade este hijo ilustre de Uclés – parece levantado sobre una gran peana de sillería. La razón es que era sede de las familias más poderosas de España. Hay también una impresionante alcazaba que merecería la pena que el Ministerio de Cultura hiciera un esfuerzo para recuperarla». 

Félix Sanz Roldán habla de forma pausada, sin atender a los avisos luminosos de su móvil, mientras charlamos sobre su trayectoria vital y profesional en esta mañana de otoño. De asuntos que apenas hacen referencia a los servicios de inteligencia ni a la seguridad nacional, por deseo expreso del general. «Mi padre era guardia civil y se casó con una chica de Uclés, mi madre, pero las normas le obligaban a buscarse otro destino, pues no se podía quedar con la familia en el pueblo. Así que se pidió el cuartel más próximo, que era Saelices. Hace poco, a los guardias civiles de mi escolta les enseñé el pabellón en el que yo viví cuando era pequeño, y del que tengo un primer recuerdo, entre humo y nieblas».

«A mi madre le gustaba que fuera militar y mi padre hubiera preferido verme vestido, como él, con el uniforme de la Guardia Civil»

 

A pesar de haber nacido en el año 1945, Sanz Roldán no recuerda haber pasado calamidades, ni mucho menos hambre, en la posguerra. «Mi padre se ganaba su sueldo dignamente y mis abuelos eran labradores. La gente sobrevivía. El cambio más brusco que vivimos en Uclés fue cuando comenzó a mecanizarse el campo. Entonces, al no necesitarse tanta mano de obra, se produjo una diáspora tremenda. La gente se iba, básicamente, a Madrid, Barcelona, Suiza y Alemania. Muchas años después volvieron a sus casas y se encontraron el tazón del café – porque allí se desayunaba en tazón – sin recoger porque tenían miedo a perder el autobús que venía a recogerlos. Treinta años después, volvieron y se encontraron con mucho polvo y con los restos de un desayuno que no pudieron acabar poque tenían que salir pitando». 

La brillante trayectoria del general y exdirector del CNI, con sus correspondientes y merecidos reconocimientos, era totalmente impredecible el día que llegó a Madrid con la ilusión de pasar la prueba de ingreso en la Academia Militar. «Cuando aprobé el Bachillerato y la reválida en el Instituto Alfonso VIII de Cuenca, mi padre me pregunto qué quería ser y le dije que militar. Como no sabíamos lo que había que hacer para ingresar, hablamos con un teniente de Cuenca que acababa de salir de la Academia Militar y nos informó de todo. Pero mi padre, que era un hombre reflexivo, en un momento dato me dijo: 'hijo, en la Academia ingresan los hijos de los jefes y tú eres hijo de un guardia civil de segunda…'. Yo insistí y no sólo ingresé, sino que mi padre me vio, todavía en plenas facultades, tomar posesión como Jefe del Estado Mayor de la Defensa. En aquel momento le dije cariñosamente: '¿te acuerdas las dudas que tenías?; pues mira a donde hemos llegado. Mi madre estaba más a favor de que fuera militar y a mi padre, aunque no lo dijera, le hubiera gustado verme vestido con el uniforme de la Guardia Civil». 

«La gente cree que yo nací general, pero entre teniente y capitán estuve casi veinte años»

 

Ha llovido mucho desde sus comienzos en la milicia, pero hay cosas que siguen presentes en la memoria, incluso una historia inventada que comparte con su buen amigo y paisano, Raúl del Pozo. «El 6 de diciembre de 2004, durante la celebración del Día de la Constitución, me presentan a Raúl y le digo: 'usted fue maestro de Uclés y me enseñó a mí a leer y a escribir. Yo sabía que mi pueblo había sido el primer destino de Raúl, con tan solo 18 años, pero no me pudo dar clases porque yo entonces tenía ya doce o trece años y estaba haciendo el Bachillerato en Tarancón. Uclés tenía en esa época más de mil habitantes y recuerdo que todo el mundo hablaba del nuevo maestro. Ahora, seguimos alimentando esa historia inventada, como si hubiera sido cierta». 

Aunque con una población de tan solo 260 habitantes, cada vez más envejecida, Uclés sigue defendiendo con orgullo su rico pasado. Y, si no, que se lo pregunten a este ucleseño, que aplaude la conservación de sus antiguas construcciones. «Hoy llegas a Uclés por la A-3 y ves lo mismo que vieron los generales de Napoleón a finales de 1808. La única diferencia es que lo que entonces era un camino de tierra hoy es una carreterilla asfaltada. No ha cambiado nada más. Si tapas la imagen del monasterio y ves el resto, contemplarás la mismo que contempló el rey Al-Mu'tamin en el siglo XI. Igual». 

Nada que ver con la decepción que se llevó el general cuando, siendo alumno de la Escuela del Estado Mayor, le invitaron a hablar de la Batalla de Toro en esa ciudad zamorana. El lugar donde estuvo el puesto de mando del rey Fernando de Portugal había sido tapado por una colonia de chalés adosados. «En Uclés – afirma, con disimulada satisfacción – podemos pisar el lugar en el que estuvieron los almorávides, los franceses e incluso los romanos. La calzada romana tiene un tramo de doscientos o trescientos metros perfectamente conservados».

¿Le veo, general, muy orgulloso de su tierra? Respuesta: «No estoy magnificando nada. Lo que digo es la realidad». Así las cosas, en el tono distendido que él propicia, tuteándonos por decisión suya, le pregunta si no va siendo hora de que le pongan ya su nombre a una calle de Uclés. «En muchos sitios el nombre de la calle se pone cuando uno se muere. Así que cuanto más tarde me la ponga, si es que me la ponen, mejor».

Como explicará a continuación, se siente suficientemente reconocido en su Comunidad Autónoma y de la Medalla de Oro que le fue concedida cuando era presidente de Castilla-La Mancha José María Barreda. «La fecha de entrega coincidió con la Fiesta de las Fuerzas Armadas, que tuvo lugar en Zaragoza, pero cogí un helicóptero del Ejército para poder ir a recogerla, con tan mala suerte que nos cayó una tormenta horrible a la altura de Medinaceli y me dijo el piloto: 'mi general, o nos apoyamos en la tierra o nos matamos'. Llame al presidente Barreda para decirle que lo habíamos intentado. El día de mi cumpleaños, que cayó en domingo, sin decir nada, se presentó por sorpresa en Uclés para imponérmela. Es un detalle que le agradeceré toda la vida». Este reconocimiento, al igual que el nombramiento de Guardia Civil Honorario, son reconocimientos que pasea con orgullo, como homenaje a su tierra y a su padre, respectivamente. Equipara su valor al de la Medalla de la Legión del Mérito de los Estados Unidos de América, que le impuso el jefe del Estado Mayor de la Defensa, general de marines, Peter Pace, en el Pentágono, delante de un montón de generales.

Aquel chico despierto que quería ser militar nunca pensó que un día llegaría a ser JEMAD, ni director del CNI. «De teniente, veía a mi capitán y decía: yo quiero ser como este. Luego, fui capitán durante más de diez años. «La gente cree que yo nací general, pero entre teniente y capitán estuve casi veinte años. Cuando llegué a comandante mi ilusión era mandar regimientos, cosa que nunca conseguí porque el Ejército me necesitaba en otros destinos».

 

«He visto jugar al dominó en el pueblo a excombatientes de ambos bandos, hasta que alguien dijo: a partir de ahora, buenos y malos»

 

Si llegar a JEMAD era impensable en aquella etapa, ocupar la dirección del Centro Nacional de Inteligencia con Zapatero, Rajoy y Sánchez podría parecer imposible. «La clave radica en la lealtad. Al presidente del Gobierno de España le tienes que decir las cosas como son. Lo que no puedes es decirle lo que le gustaría escuchar porque entonces le induces a que tome malas decisiones. La lealtad fue fundamental. Eso sí, acompañada de la eficacia en el servicio». Recuerda que los agentes del CNI hacen cosas extraordinarias de las que nadie se entera. «Yo no guardo ni un solo papel, ni una nota, pero tengo todavía muy buena memoria», afirma. 

Con la experiencia que le dan los años y los puestos de responsabilidad ocupados, Sanz Roldán lamenta la ausencia de fuertes liderazgos que generen confianza. Recuerda, para finaliza, esta frase de Schuman: «No hay que buscar nuestra ventaja, tenemos que buscar la ventaja común». 

Esta es una gran lección aplicable al momento que está viviendo España. «Yo he visto jugar al dominó en el bar del pueblo a excombatientes republicanos con excombatientes del ejército de Franco. Pero alguien llegó y dijo: a partir de ahora buenos y malos». 

«Cuando estoy en Uclés voy a la fuente a coger agua con un botijo»

Los que lo hayan visto en los actos oficiales con uniforme militar, cargado de medallas, o impecable, con un traje a medida y el nudo de la corbata en perfecto estado de revista, no se imaginarán al general Félix San Roldán con zapatillas deportivas caminando por los senderos que le traen olores y colores de su infancia.    

¿Qué hace el general durante sus estancias veraniegas en Uclés? «Yo en el pueblo – dice – soy uno más. Me levanto pronto y me voy a caminar, como hago también cuando estoy en Madrid.  Con una diferencia: en el pueblo disfruto mucho más porque percibo los olores de cuando era niño y veo lo que veía entonces: los trigos, las amapolas, los rastrojos o los almendros en flor (cuando voy en primavera), que allí les llaman almendrucos».

Sus rutas son las mismas que hacía de niños, cuando iban hasta Saelices o a otros pueblos cercanos. «Luego – añade -, me como las croquetas que hace mi hermana o algún empedrado en el bar de Pedro. Por la tarde, a las tres y cuarto, me tomo un café con algún amigo o con quien toque paisano. Después, si no hace mucho calor, me bajo a tomar el sol a las afueras del pueblo o me voy al jardín de casa a leer. También me gusta escuchar las canciones que oía en mi juventud, porque no es lo mismo oír 'Quince años tiene mi amor', del Dúo Dinámico, en Uclés que en Madrid. Estas cosas me hacen allí un poco más feliz».

También le hace feliz vestir de manera informal y salir en chándal sin un rumbo fijo. Otra actividad que le retrotrae a sus años jóvenes es ir a buscar agua con un botijo a la fuente de la plaza. «Voy a por agua a la fuente como iba de niño. A la hora de comer, en Uclés existía la tradición de mandar al crío con un botijo a coger agua, para comer con agua fresca. Yo lo sigo haciendo ahora todos los días. Recuerdo que en una ocasión Manolo, que iba conmigo al colegio, me vio llenando el botijo de agua en la fuente a las dos de la tarde y me dijo: 'le voy a hacer una foto diciendo miren al JEMAD con un botijo y me voy a forrar'. La verdad es que me siento muy bien y querido en Uclés. La gente me habla con cariño. Tendré otros defectos, pero no soy estirado».

La primera vivencia de niños que recuerda Félix Sanz Roldan es un viaje en carro desde Uclés a Saelices, donde estaba destinado su padre, guardia civil. «Hacía frío y me llevaban tapado con una manta. Saelices está a ocho kilómetros y todavía hoy, cuando veo los diferentes parajes que rodean el camino, me acuerdo de aquel viaje que hice con apenas cuatro años».

Probablemente se acuerde menos de aquel viaje su única hermana, tres años menor que él, que sigue viviendo en Uclés, aunque no todo el año. «Todos necesitamos volver a las raíces – confiesa Félix – y la suerte de quienes tenemos pueblo es que podemos volver a él siempre que queramos. Había un anuncio de bebidas que decía: 'si no tienes pueblo adóptalo'. Ese anuncio se rodó en Uclés y cuando lo veía decía para mí: 'yo no tengo que adoptarlo porque nací allí'».