Editorial

Cataluña se harta del secesionismo y pone en jaque a Puigdemont y ERC

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Cataluña ya ha hablado en las urnas, el lugar que invocan como sagrado las fuerzas secesionistas que salieron trasquiladas del escrutinio cuando tienen el viento electoral de cola. Ayer, por contra, vieron cómo se esfumaba la mayoría parlamentaria de la que otrora disfrutaron e instrumentalizaron para su fracasada asonada independentista, lo que propició reacciones en caliente que señalan un camino de obstáculos para formar gobierno. En cualquier caso, la primera conclusión del 12-M es que la ciudadanía catalana está harta de los exabruptos del 'bloque', y quien más lo ha pagado ha sido el partido en la Presidencia, Esquerra Republicana de Cataluña. Ese hartazgo ha propiciado una derivación del voto hacia el PSC que otorga a su candidato, Salvador Illa, una victoria muy contundente que, paradójicamente, no pone las cosas fáciles a su secretario federal y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. También el ascenso muy relevante del PP y el mantenimiento de Vox indican que la mayoría independentista se desinfla a velocidad de vértigo.

La aritmética de los escaños, más ajustada que nunca, señala que, a falta del voto por correo, es posible una mayoría absoluta de izquierdas que haría presidente a Illa, pero sería necesario el concurso de ERC, además del de los 'Comunes', que ya se daba por amortizado y así fue ratificado en la noche electoral. Esquerra, sin embargo, no ocultó su frustración como gran derrotada de la noche electoral y anunció su pase a la oposición, lo que no significa que no pueda ejercerla tras investir a Illa. En ese supuesto, la pregunta es a qué precio para el resto de España. ERC no ha abandonado el secesionismo y exige tanto un referéndum de autodeterminación como una Hacienda propia, además de un federalismo radical que sacaría a España de Cataluña en todos los ámbitos, incluyendo el poder judicial. Si el PSOE paga el precio, las consecuencias de investir a Illa pueden ser tan nocivas como las del propio secesionismo.

Puigdemont, por su parte, pide a los republicanos que fuercen una repetición electoral para que él, una vez amnistiado a la carta, pueda ser el candidato de todo el bloque secesionista, liderando de nuevo la amalgama de los conservadores, antisistema y republicanos cuyo único nexo es el odio a España. Si ERC muerde el anzuelo, su irrelevancia total está garantizada. Dado que tampoco se puede permitir una repetición electoral a corto plazo, parece que Illa logrará hacer valer un resultado que le legitima para ser presidente. Al margen del citado coste político, quedaría una segunda cuestión a resolver: la relativa a la respuesta de Junts a un pacto explícito o implícito PSC-ERC. Ahí es cuando los intereses de Sánchez se pueden ver amenazados, y en ese punto todo pasa a ser impredecible.