Javier del Castillo

Javier del Castillo


Franco ha vuelto

09/04/2024

La reciente visita de Pedro Sánchez a la morgue de Cuelgamuros – antes Valle de los Caídos – es la demostración más palpable de que seguimos anclados en el pasado. A falta de un proyecto definido e ilusionante de futuro, la persona que debería llevarlo a cabo nos propone volver la vista atrás. 
Nos invita a regodearnos en el infausto recuerdo del dictador, siguiendo el viejo eslogan de la izquierda que decía: «contra Franco se vivía mejor». Las imágenes del presidente paseando entre restos humanos de hace casi 90 años es pura propaganda necrológica. Un reportaje digno de aquel No-Do que informaba de las actividades cinegéticas y de las inauguraciones de pantanos del generalísimo.
Cada vez que se inicia una nueva campaña electoral, se repite la misma historia. El presidente del Gobierno, acosado por la corrupción y las exigencias de los independentistas catalanes, tiene la amabilidad de recordarnos que tenemos cuentas pendientes con el pasado. Que Franco sigue vivo en vísperas del 50 aniversario de su muerte y que la derecha todavía no ha pedido perdón. En lugar de explicar a los españoles cuál es realmente su proyecto de futuro para España, se empeña en convencernos de las atrocidades de aquel dictador del que intentábamos olvidarnos. 
Este fin de semana leía en The Objective la conversación de Juan Luis Cebrián con Felipe González y me quedaba con la siguiente reflexión: el Partido Socialista – lo vimos en las elecciones gallegas – ya no sale a ganar a sus adversarios, sino a ver con quién puede pactar para impedir que no gobierne la derecha. La aritmética – venía a decir el primer presidente socialista de la democracia – se impone a la política. 
Por supuesto que debe hacerse justicia con las víctimas de la guerra civil. Por descontado que no deben escatimarse recursos humanos y económicos para enterrar dignamente a los muertos de la guerra. Pero atendiendo y priorizando el dolor de las familias y la restitución de los derechos inculcados. Hacerse fotos en Cuelgamuros y remover la tumba de Franco por razones electorales pone en evidencia la catadura moral de un presidente dispuesto a impedir, como sea, que la derecha llegue de nuevo al poder.
Las elecciones del País Vasco, como ocurrirá después con las catalanas, son una buena oportunidad para retratar a los socios y aliados del gobierno central. Los discursos han dado un giro de 180 grados. Nadie habla de los acuerdos firmados por PNV y HB Bildu con el Partido Socialista en Madrid. Es más, se reniega de esos pactos y se pone el énfasis en las diferencias. Para los socialistas, HB Bildu vuelve a ser un partido vinculado al terrorismo etarra, y para el PNV existen serias dudas sobre la fiabilidad de Sánchez.
Mientras tanto, Otegi sigue avanzando en su carrera de fondo hacia la presidencia de un País Vasco independiente y trabajando en la recuperación de la Memoria Democrática, de la mano de Sánchez.
Hay que denunciar y juzgar la dictadura de Franco, según ellos. Y olvidar, de una vez por todas, los asesinatos cometidos por la banda terrorista durante más de 40 años. La memoria siempre es selectiva. A las víctimas de ETA prefieren dejarlas aparte. 
O, mejor, olvidarlas.