Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Aragonès desencadenado

04/04/2024

Primero la soberanía fiscal, y luego la soberanía total. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragones, ha puesto sobre la mesa el programa máximo de los independentistas ante la celebración de unas elecciones en Cataluña que ha sido incapaz de evitar al ver rechazados sus presupuestos por los intereses partidistas de todas las organizaciones que tenían capacidad para evitar el adelanto de los comicios. Cuando nacionalistas y radicales vascos se han olvidado del "raca-raca" independentistas para las elecciones que tendrán lugar tres semanas antes que las catalanas, los "indepes" de ERC y Junts siguen con "la matraca" -en palabras de Feijóo- de mantener viva la llama del 'procés'.

Tras la propuesta de un concierto y un cupo vasco a la catalana, que permitiera a la Generalitat recaudar todos los impuestos y pagar por los servicios que prestase el Estado, Pere Aragonés ha subido la apuesta y quiere negociar la celebración de un referéndum de independencia sobre la base del artículo 92 de la Constitución de forma preferente del que hace una lectura parcial e interesada, o como alternativa, que se le conceda esa capacidad a la Generalitat para convocarlo ella mediante la modificación de la ley orgánica que establece las condiciones para celebrar un referéndum.

Aragonès sustenta su petición en que también el gobierno de Pedro Sánchez se oponía a la concesión de los indultos, a la modificación del Código Penal y a la amnistía y ahí están para hacer tabla rasa sobre los delitos cometidos por los dirigentes del 'procés', por lo que fía el éxito de su propuesta a forzar la voluntad política del presidente del Gobierno si quiere seguir gobernando. El presidente catalán, sin embargo, también se hace trampas en el solitario y si hace referencia a las leyes de claridad con la que se celebraron referendos independentistas en Escocía y Quebec con la presentación de una pregunta "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?", con una respuesta binaria, deja para más adelante fijar las condiciones que darían validez a los resultados, la participación mínima y el porcentaje de votos afirmativos que serían más del cincuenta por ciento más uno de los votos emitidos, como sería su deseo. Que el presidente catalán haya pasado de puntillas sobre este asunto quizá esté directamente relacionado con lo que señala el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat cuando afirma que mientras que un 42 por ciento de los catalanes son en este momento partidarios de la independencia, hay un 51 por ciento que la rechaza.

La campaña electoral es el marco propicio para este tipo de propuestas maximalistas, sobre todo cuando la competición se centra en un espacio político en el que, como en el refrán africano, la charca es muy pequeña para dos cocodrilos, lo que ha llevado a ERC a olvidar su estrategia de pragmatismo y de acumulación de fuerzas tras el fracaso del 'procès', para volver a plantear las cuestiones soberanistas como prioritarias, tras la irrupción de Carles Puigdemont en la campaña como cabeza de la candidatura de Junts, frente a la demanda de una mejor gestión de sus problemas que piden los ciudadanos. Aunque a los independentistas por un lado, y al PP por otro, les venga bien enredar sobre la hipótesis de la celebración de un referéndum por la debilidad parlamentaria de Sánchez, un referéndum de independencia en Cataluña ni está ni se la espera.