Humberto del Horno

Lo fácil y lo difícil

Humberto del Horno


Cuenca: Oz o Kansas

25/08/2023

Si buscan 'Cuenca Turismo' en Internet y pulsan 'Imágenes' verán de salida seis fotografías intercalando panorámicas de la ciudad, el Puente de San Pablo y una vista aérea del Parador. En la séptima captura se cuela nuestra hermana de Ecuador.

Una ciudad, como cualquier individuo, ofrece siempre su mejor cara, –¿el espejo del alma?–, escondiendo sus heridas. Las guías de Cuenca están plagadas de rincones exquisitos donde retratarte con la seguridad de coleccionar un buen puñado de corazoncitos en Instagram. Pero en ningún caso las guías le invitarán a pasear por Antonio Maura, a subir a Cáritas desde el antiguo Club Serranía o a dejarse caer por detrás del campo de Obispo Laplana, allí donde vivía mi bisabuela Angustias.

El sendero del Júcar que atraviesa la ciudad podría ser magnífico si obviáramos las entrañas del puente que en los primeros 2000 servía de lienzo en blanco para torpes grafiteros y de cobijo y escondite del botellón de los adolescentes. Un camino abandonado desde que nace en la Fuente del Oro hasta que muere en la parte de atrás de un Sargal cuya foto bien podría ser una postal de las fábricas más infectas del Manchester de final del XIX. Si el tornado que Frank Baum describió en su obra más célebre hubiera depositado la casa de Dorothy y Totó en la Plaza Mayor de Cuenca, la estampa daría el pego y pasaría por el maravilloso Mundo de Oz. Si el aterrizaje se produjera en el barrio de Los Moralejos, la muchacha podría pensar que seguía en el gris estado de Kansas.

De Trinidad o Puerta de Valencia hacia adentro todo es luz. La ronda de Julián Romero podría ilustrar cualquier leyenda de hadas; los miradores de San Miguel están para entrar a vivir; y en el barrio de San Martín podrían habitar el mismo mago o la Bruja del Este. Mientras, Fermín Caballero no suma tres baldosas seguidas sin romper; a un paseo por San Antón la falta un dragón para ser la última pantalla del Súper Mario; los espacios de las 'plazas aromáticas' parecen la Sarajevo del 90; y transitar de Ars Natura a Tiradores podría completar la gran oferta de multiaventura de la ciudad.

Quien ha visitado París se habrá hecho la foto sujetando la Torre Eiffel desde el Arco del Triunfo pero no habrá pisado Saint-Denis. Del mismo modo, quien visita Cuenca no irá a buscar nada a Princesa Zaida. Así es Cuenca. O lustrosas baldosas amarillas para el turista en la zona vieja o adoquines rotos si te alejas de las hoces. Pero por mucho que luzca su escaparate, una ciudad no puede descuidar la trastienda.

Cuenca es espantapájaros, hombre de hojalata y león al mismo tiempo porque tiene cerebro, corazón y valentía, aunque no lo sepa si no se lo dicen. Y, como a los personajes de Baum, sólo le falta placebo o fe para decidir si quiere ser Kansas o Ciudad Esmeralda.