Poder absoluto para Bukele

M.R.Y. (SPC)
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El triunfo arrollador del mandatario hace casi desaparecer a la oposición y le da una hegemonía total que le permite intensificar su autoritarismo

Poder absoluto para Bukele - Foto: Europa Press/Contacto/Alexander

Se ha autoproclamado «el dictador más cool» del mundo, ironizando con las críticas que le acusan de ejercer un mandato poco democrático y con medidas incompatibles con los principios democráticos y los Derechos Humanos. Y lo cierto es que Nayib Bukele tiene ahora incluso más posibilidades de llevar a cabo un autoritarismo extremo: arrasó en las elecciones del 4 de febrero con una mayoría superior al 85 por ciento de los votos, lo que significa que la oposición -repartida en cinco partidos- prácticamente ha desaparecido. Ahora, sin duda, sí va a tener el control absoluto para hacer cuanto le plazca.

Sin llegar a tenerlo, consiguió burlar la propia Constitución presentándose a una reelección que no estaba permitida en la Carta Magna. Sin embargo, una reinterpretación del Tribunal Supremo de Justicia -se vivió una purga en 2021 para que la mayoría fuera partidaria de Bukele- sirvió para que su nueva candidatura fuera permitida. ¿La trampa? Se estableció que el presidente podía ser reelegido si técnicamente no ostentaba el cargo durante los comicios, por lo que el mandatario se apartó del puesto para dejar paso a una Asamblea que controlaría el país de manera interina durante seis meses. De ahí que hasta el próximo 1 de junio el joven político de 42 años no podrá volver a jurar como jefe del Ejecutivo. 

También sin tenerlo se autoproclamó ganador de las elecciones con más de un 80 por ciento de los apoyos, «el récord de toda la historia democrática del mundo». Y eso a pesar de que el recuento apenas acababa de comenzar y las irregularidades han sido tales que se ha tenido que paralizar el escrutinio para contar voto a voto. Una situación que llevó a la oposición a denunciar un «fraude», pero que todo apunta a que no tendrá más recorrido que tardar más tiempo en nombrarle vencedor.

Los motivos de su gran respaldo ciudadano se centran en su lucha contra las pandillas criminales. Más de 75.000 personas han sido detenidas en estos cinco años de mandato, sobre todo tras decretar en marzo de 2022 un régimen de excepción para acabar con la violencia. A pocos les importó que esa medida, aún vigente y que ha sido renovada 24 veces, suspenda algunos derechos constitucionales como el de expresión, reunión y organización mientras se pueda vivir con más seguridad. De hecho, El Salvador ha pasado de ser de uno de los países con más asesinatos de América a ocupar el segundo lugar con menor homicidios del continente, solo por detrás de Canadá.

En este nuevo mandato -hasta 2029-, su reto será reducir la pobreza y mejorar los indicadores económicos, en niveles muy bajos porque, según el presidente, el país está «saliendo de un shock» y la reducción de la violencia conlleva «un bajó de negocios ilegales que impactaban al alza el PIB». Lo bueno es que la seguridad que ahora presenta puede mejorar el turismo o atraer inversiones internacionales.

Sin embargo, sigue habiendo un pero. Organizaciones humanitarias insisten en el temor a que se pierdan aún más derechos con la nueva era que está a punto de empezar: la de un partido único y un líder único. Y lo que ello pueda derivar, una ratificación y un fortalecimiento de un sistema autoritario que puede mudar a dictadura en un solo instante. Porque el poder solo tiene un nombre, Bukele, y eso, en toda democracia, tiene mucho peligro.