Putin se entrega a los brazos de China

Agencias-SPC
-

Las desavenencias con Occidente por la guerra de Ucrania han obligado al Kremlin a mirar hacia el Este para buscar nuevas alianzas

Imagen de archivo del presidente ruso, Vladímir Putin (i) y el presidente chino, Xi Jinping (d) - Foto: EFE/Juan Carlos Hidalgo

Ya de por sí, las relaciones con Occidente tenían muchos altibajos desde hace años, debido, en gran medida, a la desconfianza desde Estados Unidos, que se contagió en parte de Europa. Y la guerra en Ucrania ha obligado a Rusia a mirar hacia el otro lado del mapa, al Este, en su política exterior. Además de dar la espalda a su principal socio comercial, la Unión Europea, el Kremlin se ha entregado en los brazos de China en este último año para mejorar las alianzas del flanco oriental, aprovechando que el gigante asiático también está, en cierto modo, aislado de Estados Unidos y la UE. Un matrimonio de conveniencia que puede dar mucho de sí.

«Rusia tiene muchos amigos en todo el mundo, incluido Europa y América del Norte», afirmó el presidente ruso, Vladimir Putin, en el 80 aniversario de la Batalla de Stalingrado, el pasado mes de febrero.

Pero la realidad es que el mandatario, contra el que el Tribunal Penal Internacional (TPI) ha dictado una orden de arresto por supuestos crímenes de guerra en Ucrania, está más aislado que nunca y no ha viajado al extranjero más que en los tres últimos meses del año, una de ellas a China.

La reorientación asiática de la diplomacia rusa había comenzado antes de la intervención militar rusa, pero en estos últimos 12 meses Putin ha echado el resto para convertirse, cueste lo que cueste, en el aliado número uno de Pekín.

El líder chino, Xi Jinping, visitó en marzo el Kremlin, donde tuvo un recibimiento que no se recordaba desde hace muchos años en el país y que hubiera despertado los celos del mismísimo Mao Zedong.

Ambos mandatarios firmaron acuerdos de cooperación económica -con especial énfasis en las exportaciones de hidrocarburos rusos y las importaciones de tecnología china- hasta 2030, es decir, cuando Putin concluirá teóricamente su quinto mandato presidencial.

Como la UE ha reducido al mínimo las importaciones de petróleo y en dos tercios las compras de gas, Rusia ha incrementado las exportaciones al gigante asiático -Gazprom y la CNPC cerraron un nuevo acuerdo- a través de Siberia, el Lejano Oriente ruso y Mongolia, para lo que será necesario tender dos nuevos gasoductos.

Aunque Xi y Putin acordaron que su relación no tiene límites y carece de tabúes, los expertos matizan que China ve a Rusia principalmente como una cantera de materias primas y un aliado coyuntural en su pulso con EEUU. 

Fisuras entre vecinos

En su patio trasero, Moscú también afronta tensiones políticas, ya que a los crónicos problemas con Moldavia o Georgia, se suma ahora el antagonismo con Armenia, su tradicional aliado en el Cáucaso.

La primera, que recibió el estatus de candidato a entrar en la UE, está en la vanguardia de la lucha contra el Kremlin desde que la europeísta Maia Sandu asumiera el poder en diciembre de 2020. Sandu, que acusa a Putin de desestabilizar su país, ordenó el cierre de casi todos los medios en ruso, lo que ha llevado a Moscú a limitar las importaciones agrícolas y a acusar a Occidente de querer convertir a Moldavia «en una segunda Ucrania».

El caso de Armenia es más enrevesado. El país tiene una base militar rusa en su territorio y pertenece a la alianza militar postsoviética (OTSC), pero la inacción rusa ante la belicosidad de Azerbaiyán, que recuperó en un solo día el control sobre Nagorno Karabaj, dio un vuelco a la situación y granjeó un nuevo enemigo para Putin.